Querida Lúa:
Te escribe tu tío Jesús, que quiere darte la bienvenida al mundo desde su mundo, que se abre paso a golpes de Arial 11 y corazón a través de páginas blancas como la nieve que nos anunció tu inminente llegada. Tu tío es rarete y se comunica así, espero que lo comprendas, como también confío en que sepas perdonarme mis ausencias, que serán demasiadas, porque tengo una casera que alimentar. Pero estoy tranquilo, porque tus tíos Víctor, David y Pablo se encargarán de darte los besos que yo no te pueda dar.
Has llegado en la Noche de Reyes para ser el mayor regalo que ha recibido nunca la abuela Elena, la que tanto da siempre y tan poco recibe. Eres la niña deseada, la que tanto se extrañó en una familia en la que Los Niños Perdidos tuvimos que aprender a crecer sin la ayuda de Wendy. Seguramente naciste muchas veces en los sueños de la yaya, que te buscaba cuando dormía para escapar de una vida rodeada de hombres que ni siquiera sabían hacer la cama.
También has sido un regalo para las abuelas Ana y África y para los abuelos Perico y Jose, a los que ya no les caben la sonrisa en la cara de la alegría de ver cómo crece cada año la familia. Todavía eres muy pequeña y no lo sabes, Lúa, pero vivimos tiempos complicados y es bueno estar rodeada de un ejército tan numeroso y tan preparado. Estoy seguro de que sabrás valorarlo y cuidarlo.
Mi primera tentación, cuando empecé a pensar en esta carta hace nueve meses, fue la de advertirte de todas las amenazas que te esperan. Acabas de nacer y ya hay hombres que te consideran una enemiga solo por ser chica. No se lo tengas en cuenta, les han envenenado la mente para convencerles de que las mujeres sois traicioneras. Todavía son más peligrosos los que se piensan que sois de su propiedad y se creen con derecho a dictaros cómo tenéis que vestir, qué tenéis que comer e incluso qué lugar tenéis que ocupar en la sociedad, preferiblemente uno situado entre la cocina y el paritorio. Unos y otros son tontos útiles al servicio de unos señores que siguen creyendo que el trono es para el varón y se transmite por genética. Cuando seas mayor los reconocerás de inmediato, porque apestan.
Sin embargo, he comprendido rápidamente que vas a estar sobradamente preparada para hacer frente a esta gente. Solo con tu nacimiento ya han perdido una batalla, porque eres la hija de Nacho y Renata, que te van a criar desde el primer día en unos valores de justicia e igualdad. Aprenderás junto a tu hermanito mayor, Milo, que compartirá contigo juguetes y enseñanzas, además de ser tu primer guardaespaldas si alguien intenta hacerte daño. Aunque seguramente no te haga falta. Ahora, que te vemos tan pequeña, pensamos en ti como una princesa. Sin embargo, yo te miro y ya veo una guerrera, la más fuerte de todos los Huerta, que tendrán muchos defectos, pero nunca han tenido miedo de plantar cara a los abusones.
Lúa, cuando leas esta carta, quiero que tengas presente un par de cosas. Seguro que la primera ya la sabes, porque te lo habrán enseñado en casa: la cultura es nuestra posesión más importante, lo que nos construye. Estás hecha de los libros que lees, de la música que escuchas y de los dibujos que pintas en la cuartilla. Bajo ningún concepto permitas que te arrebaten el derecho a ser creativa y desconfía siempre de quienes ponen la inteligencia bajo sospecha.
También quiero pedirte que nunca te rindas, Lúa. Probablemente eso es en lo único en lo que tu tío Jesús puede servirte de ejemplo. Yo lo aprendí de tu abuela Elena, a la que le tocó vivir un mundo peor que el nuestro y ahí la tienes, dispuesta todavía a ponerse delante de cualquiera que intente ponerle las cosas difíciles a su nieta. Vendrán cosas feas, pero vas a acumular tanto amor de la gente que te rodea que ni el mal más poderoso de la tierra será capaz de vaciarte. Como te he dicho antes, solo por el hecho de que tú estás en este mundo, ya vas ganando.
Termino estas líneas animándote a disfrutar de tu propia hoja en blanco. Papá, Mamá y Milo te van a enseñar a escribir, pero que nadie dicte tu historia. Aprovecha cada margen de la hoja, no le des importancia si las líneas no te salen rectas, porque lo importante es que la narración avance y, siempre que puedas, utiliza lápices de colores.
Firmado: tu tío Jesús, que te quiere.
(Felicidades, Nacho. Felicidades Renata. Os quiero)
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