La música acompaña la vida y, sin duda, el verano. El calor y el tiempo libre abre la puerta a realizar miles de actividades. Los amigos, el deporte, los juegos o perder el tiempo con alegría se convierten en actividades y planes que se alargan hasta la madrugada durante casi noventa días. Y, como ustedes pueden imaginar, ninguna de estas cosas nos lleva a ninguna canción. No me digan que hay una banda sonora del partido de fútbol que jugaron con los amigos en las escuelas de El Pilari o de estar tirado en el sofá.
La canción del verano, de un verano concreto, está marcada por vivencias personales que se quedan señaladas como las muescas en la culata de una pistola. No tiene que ser necesariamente la mejor canción ni la que más te guste sino que es, simplemente, la que sonaba mientras aquella chica acercaba sus labios a los tuyos o el último amigo se quitaba la ropa para tirarse a la piscina a las 5:00 de la mañana.
¿Cómo no vas a recordar los acordes que sonaban cuando, bajo la luna llena –o la luz de una farola- la chica de los vecinos que solo viene durante los veranos te dice que el reflejo de nuestro satélite es demasiada luz para los dos? Que “llevaba todo el año esperando este momento y acordándome de ti” Pues ahí, en ese momento, bien podía colarse un “Chuiquilla”ii de la verbena del pueblo.
Sé que ese verano, el de 1998, La copa de la vidaiii lo “petó” –ser la canción del mundial de Francia le daba todas las papeletas- pero yo, un joven bastante extraño en lo musical y que no conseguía encontrar la farola y la chica al mismo tiempo –y al encontrarla resolvió la pena máxima lanzando el balón fuera del estadio-, ese verano seguía con la piel erizada con Aunque tú no lo sepasiv. El segundo, y último disco, de la formación paralela del genio Enrique Urquijo –Los problemas- nos regalaba este himno que, curiosamente, es una letra de Quique González basada en un poema de Luis García Montero que, si no lo han hecho, invito a leer incluso en este mismo momento, abandonándome.
El corazón puede revolucionarse por muchas cosas y a mi “Corazón Partio” o “Desátame” no me subieron las pulsaciones en 1998. En cambio Enrique Urquijo sí. El corazón se aceleraba –y se acelera- los pelos de los brazos se erizan y la chica de la farola mira el reloj mientras espera que no la hayas vuelto a dejar tirada por alguien que canta a una mujer y una relación que no existió. O, tal vez, la chica también se había ido sin saberlo, cada uno a su ciudad o su pueblo y desconocía que la sobra del gilipollas de la farola era la tuya. La mía.
i CEIP Virgen de Manjavacas de Mota del Cuervo
ii ¡Que no se extinga la llama!, Seguridad Social, 1991
iii Vuelve, Ricky Martin, 1998
iv Desde que no nos vemos, Enrique Urquijo y los problemas, 1998
MÁS CANCIONES DE VERANO:
- ‘OTHERSIDE‘, DE RED HOT CHILI PEPPERS
- “Missing” de Everything but the girl
- Segundo premio, de Los Planetas
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