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Opinión

Hasta siempre, Isidoro

Hoy cuesta escribir. Cuesta encontrar palabras. Cuesta aceptar que tenemos que despedir a Isidoro Gómez Cavero, una persona inmensa, buena, valiente y profundamente querida.

Isidoro se ha marchado después de una enfermedad que le obligó a apartarse de la vida política activa, pero quienes le conocimos sabemos que nunca se apartó de lo que más quería: su familia, sus amigos, su gente y su Cuenca. Hasta el final siguió pendiente, preguntando, preocupándose, queriendo saber, queriendo ayudar, queriendo empujar. Porque Isidoro era así. No sabía estar a medias. No sabía querer a medias. No sabía luchar a medias.

Desde que se ha conocido la noticia son muchísimas las personas que están trasladando su dolor, su cariño y su agradecimiento. Cientos de conquenses están recordando una conversación, una ayuda, una llamada, una palabra suya, una anécdota o simplemente esa forma tan directa y tan humana que tenía de estar cerca. Y eso habla mucho más de Isidoro que cualquier cargo o cualquier responsabilidad pública.

Porque Isidoro fue mucho más que el fundador y líder de Cuenca nos Une. Fue mucho más que un concejal. Fue una persona que dejó huella. Una de esas personas que no pasan por la vida de puntillas. Isidoro entraba en una habitación y se notaba. Hablaba y se le escuchaba. Se enfadaba cuando creía que algo era injusto. Se emocionaba cuando algo le tocaba de verdad. Defendía a los suyos con uñas y dientes. Y quería a Cuenca de una manera casi física, casi dolorosa, como se quiere aquello que uno siente parte de sí mismo.

Tenía carácter, sí. Mucho. Todos lo sabemos. Era directo, rotundo, claro, a veces incómodo, porque no le gustaban las medias verdades ni las vueltas innecesarias. Pero detrás de esa fuerza había una persona profundamente sensible, generosa, noble y leal. Una persona que cuidaba, que se preocupaba, que llamaba, que estaba. Una persona con un corazón enorme.

Como portavoz de Cuenca nos Une, pero hoy sobre todo como amiga, quiero decir que me siento profundamente agradecida por haber caminado a su lado. Por haber aprendido de él. Por haber compartido conversaciones, preocupaciones, proyectos, risas, enfados y momentos que ya forman parte de nuestra vida.

Isidoro nos enseñó muchas cosas, pero quizá una de las más importantes fue que la vida pública solo merece la pena si se hace con humanidad. Que la política no puede ser solo ruido, estrategia o confrontación. Él lo repetía muchas veces: Cuenca necesita unidad, no confrontación. Y no lo decía como una frase bonita. Lo decía porque lo sentía. Porque le dolía ver a Cuenca dividida. Porque creía de verdad que esta ciudad solo podía avanzar si todos éramos capaces de remar en la misma dirección.

Esa fue una de sus grandes lecciones: sumar antes que romper, construir antes que destruir, mirar más allá de las siglas y poner siempre a las personas y a Cuenca por delante. Esa forma de entender la vida y el servicio público es parte de lo que nos deja.

Y hay un lema que lo hizo suyo y que siempre que tenía oportunidad lo decía: “morir con las botas puestas”. Lo decía con esa mezcla de fuerza, ironía y determinación que tanto le caracterizaba. Y hoy podemos decir, con todo el dolor y también con todo el orgullo, que ha hecho honor a ese lema. Isidoro ha luchado hasta el final. Ha seguido siendo él hasta el final. Ha mantenido su carácter, su preocupación por los demás, su amor por Cuenca y su manera de mirar la vida de frente.

Isidoro, hoy te hablamos desde el cariño más profundo.

Gracias.

Gracias por tu amistad. Gracias por tu confianza. Gracias por tus consejos, por tus llamadas, por tus palabras claras, por tu sentido del humor, por tu manera de empujar cuando las fuerzas flaqueaban. Gracias por cuidar, por estar, por enseñar y por querer tanto.

Gracias por haber sido una persona auténtica. De verdad. Sin disfraz. Sin cálculo. Con tus luces, con tu carácter, con tus verdades, con tu enorme corazón. Gracias por haber vivido con tanta intensidad y por habernos dejado formar parte de tu camino.

Hoy Cuenca te llora. Te llora tu familia, te lloran tus amigos, te lloran quienes compartieron contigo consulta, proyectos y también muchas personas que, quizá desde la distancia, reconocían en ti a alguien que quería esta ciudad con toda el alma.

Nos queda un vacío enorme. Pero también nos queda tu ejemplo. Tu voz. Tus frases. Tu forma de no rendirte. Tu manera de recordarnos que hay que seguir, que hay que pelear, que hay que vivir con las botas puestas.

En nombre de Cuenca nos Une, y desde lo más personal, trasladamos todo nuestro cariño a su familia, a sus seres queridos y a todas las personas que hoy sienten esta pérdida como propia.

Descansa en paz, querido Isidoro.

Gracias por tanto.
Gracias por tu vida.
Gracias por tu amistad.
Gracias por haber querido tanto.

Cuenca te quiere, te llora y no te olvida.

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