Cultura

Los gancheros, parias de la clase trabajadora que ahora son Patrimonio de la Humanidad

Pedro Pérez Juana, en un artículo sobre las maderadas publicado en el Semanario Pintoresco Español en 1845, proponía la candidatura a la cruz laureada de San Fernando del tío Joaquín, un capataz de gancheros de 74 años, “general en jefe de las aguas del Tajo y Guadiela”, tras asombrarse al contemplar el complicado paso de los troncos por Los Chorros, a media legua del molino de Buendía y cómo el gran ganchero, en un alarde de liderazgo, deshace “un nudo gordiano que para el mejor matemático hubiese sido un problema difícil de resolver”.

No hubo cruz laureada para el tío Joaquín, pero suyo es también el reconocimiento que el oficio ganchero ha recibido de la UNESCO al declararlo Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Justo título para un trabajo cuyos orígenes se remontan a cientos de años atrás. Hay textos árabes medievales que describen la conducción de maderas por el río Júcar y el pintor flamenco Wijngaerde retrató en 1565 el paso de los troncos por la ciudad de Cuenca, que fue durante siglos un gran centro de redistribución de la madera para La Mancha y otros puntos de España, como señala el estudio sobre el transporte fluvial de madera publicado por Juan Piqueras y Carme Sanchís en los Cuadernos de Geografía la Universidad de Valencia.

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Foto: F. Campos para El Sol (1925)