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Opinión

Cuenca merece un futuro mejor

Cuando en la semana han salido cifras de desempleo que no son positivas para nuestro entorno más cercano y que son motivo suficiente para que continúe el éxodo hacia otras regiones cercanas más prósperas y con mejores servicios y de mayor calidad en sanidad, educación y sobre todo en oportunidades para plantearse un plan de vida, como es el caso de la Comunidad de Madrid, motor de España. Cuando se buscan nuevos proyectos turísticos con viajes políticos en grupo a países extranjeros que se venden como la salvación al empleo de Cuenca capital sin otros argumentos consistentes que de momento no vayan más allá que el del propio disfrute de quien lo goza.

Cuando se eliminan infraestructuras importantes para los pueblos de Cuenca como el tren convencional que es el mejor recurso de cercanías para la movilidad social de cualquier territorio, cuando se vende humo y se hace esa “política de procesiones” mal entendida en la que desfilan de un lado a otro paseando su propia imagen, sin ningún tipo de valores humanos y sociales y ocasionándonos más gasto que beneficio.

Cuando nos anestesian y nos drogan para sentirnos cada vez más inmóviles, solo nos quedaba por ver la procesión hasta Sudamerica de la autarquía Castellano-Manchego y conquense. Deberían ser más realistas con lo que se vive en nuestros pueblos y en nuestra capital. Con las verdaderas necesidades y con lo importante que es integrar lo urbano con lo rural, y no dividir. Potencien, por poner un ejemplo, la Vía Ferrata y los miles de recursos turísticos de una de las provincias más ricas, extensas, diversas y variadas de España y dejen de montar en bicicletas que hacen equilibrios en el espacio. Ya sabemos cuál es su modelo, el de la división y el de la ruina que ha llevado a algunos países ricos de Sudamérica a desaparecer.

No podemos depender de las indecisiones de terceros, que nos están dañando continuamente, porque eso nos lleva a un sufrimiento como provincia que no nos permite avanzar. Además, Cuenca capital que está formada en su mayoría por gentes de los pueblos de la provincia es capaz de defenderse, reinventarse y tomar las riendas de su futuro sin la necesidad de someterse a intereses económicos políticos que solo buscan su propio beneficio y a la vista está con esta visita grupal a un destino turístico internacional al que no es necesario ir en presencia masiva para atraer un proyecto.

Lo que voy a decir no es populismo, es total y absoluta realidad aunque suene dura. Comen de nosotros pero ya el colmo de los colmos es que viajan enmascarando sus viajes, como si trabajaran generando empleo. A ver si les pasamos la factura del gasoil de los miles de kilómetros que nos estamos haciendo de nuestro bolsillo por Cuenca, autónomos, empresarios, promotores y las personas que necesitamos cualquier servicio que no tenemos en el pueblo, ni siquiera en la Capital. En la época de la digitalización, de las teleconferencias, de la realidad virtual, de las experiencias en tres dimensiones, ellos, en lugar de plantear otro tipo de encuentro, se desplazan a veranear a nuestra costa para convertirnos en un plagio de Costa Rica, cuando Cuenca es única. ¿Dónde está nuestra diferenciación?

En fin, se ríen de nosotros, y ya lo hacen sin ninguna vergüenza. En contraposición, somos más las personas que no nos cansamos de patear la provincia poniendo como centro del eje nuestra capital, que buscamos la forma de salir adelante ayudando al territorio y que aprovechamos cualquier ocasión para conectar territorios por todos los medios, incluidos los digitales, que vivimos el día a día como un nuevo reto de voluntad para mejorar el bien común. Somos más y no debemos dejarnos vencer. Nosotros no somos ellos.

Esa es la política verdadera en la que es posible creer y la que nos puede sacar del pozo donde nos han ido ahondando desde hace 40 años y que se agrava ahora con un pozo de fuego, sin agua, sin luz, en la más absoluta oscuridad y muy próximamente sin alimento. Quieren que trabajemos para ellos en lo más hondo de la mina, asfixiándonos con su propio CO2. Por eso, no debemos callarnos ni ponernos vendas en los ojos, aunque el verano sea época de disfrute, de familias, de regreso a los pueblos y de generar emociones positivas. Lo saben y lo aprovechan. En fin, no quiero amargarles las vacaciones, en todo caso a ellos, por eso termino con un mensaje de esperanza: ya queda menos para echarles del poder, de ese poder que nos hunde y en el que solo ellos flotan. Contando los días, porque Cuenca merece un futuro mejor.

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