Cultura

Cercas: “Si en una novela se impone el ciudadano al novelista se cae en la propaganda”

“Si llueve hoy me van a tener que sacar ustedes en procesión bajo palio”, ha bromeado Javier Cercas cuando han caído sobre la Plaza España unas pocas gotas de lluvia, las primeras que asoman por la ciudad desde hace muchísimas semanas, en el momento en el que pregonaba la feria del libro Cuenca Lee en un formato distinto al habitual, con una conversación con la periodista Alba Soledad Moya; una charla que se ha extendido durante casi una hora después de que la pequeña llovizna se haya marchado con la misma discreción con la que había llegado.

El escritor ha comenzado hablando sobre ‘No callar’, su último libro en el que recopila artículos periodísticos, para explicar a los conquenses que, pese a los “linchamientos salvajes” que considera que ha sufrido, “yo no sé callarme, pero tampoco me da la gana callarme”. Ese es uno de los pensamientos que impulsó la publicación de este libro, según este autor que defiende que “la democracia es de todos y la política es cosa de todo el mundo” y que la gente tendría que intervenir más en la cosa pública.

Cercas considera que “lo que define a las democracias es que son imperfectas y se tienen que mejorar cada día controlando el poder” y apunta que este libro también se podría haber llamado “el poder de la mentira”, porque si hay algo que se ha visto en estos años “es que la mentira es letal, catastrófica para los ciudadanos”. La literatura, a su juicio, debe luchar “contra el triunfo de la mentira”, algo que él afirma haber visto en Cataluña.

Por otro lado, Cercas ha comparado la faceta novelista y la articulista para reflexionar que “ en cualquier escritor conviven el ciudadano y el novelista”. Para establecer la diferencia, el escritor trabaja con verdades ambiguas “y siempre dice sí y no al mismo tiempo”. En cambio, el ciudadano, el articulista y el intelectual, término que le desagrada, “pueden trabajar con la ironía, pero tarde o temprano tiene que decir sí o no”.

Desde su punto de vista, si el ciudadano se impone al novelista “se incurre en la propaganda y la pedagogía y, por lo tanto, en la mala literatura”.

Cercas se ha definido en Cuenca como “prosistema” y cree que el problema que tuvo la II República española “es que no tenía suficiente personas a favor del sistema”; pero indica que en sus novelas se convierte en antisistema “y pongo en cuestión los valores con los que yo creo, así se convierte en útil la literatura”, de tal forma que trata de conseguir que los lectores empaticen, por ejemplo, “con un fascista, con un impostor o con un tipo que se salta la ley a la torera”.

“Un verdadero escritor no escribe sobre que Hitler era malo, sino cómo es posible que un oligofrénico como este fascinara a medio mundo”, explica el pregonero de la Feria del Libro de Cuenca.

Sobre esta cuestión, Cercas cita a Pascal para recordar que “los humanos somos una mezcla de ángel y de bestia; la paradoja es que, si queremos convertirnos en ángeles nos convertimos en bestias”; eso le lleva a pensar “cómo las mejores personas pueden cometer las mayores barbaridades”.

Todos los países tienen problemas para digerir el pasado”

En su entrevista-pregón el ganador del premio Planeta ha señalado que “la guerra Civil duró 43 años, porque el franquismo fue una prolongación de la guerra” y también ha compartido con los conquenses que “”los españoles tendemos a considerarnos muy distintos de los demás, yo cuando era joven pensaba que mi país era el único con un pasado traumático”. Ahora sabe que “todos los países tienen cadáveres en el armario y tienen problemas para digerir el pasado”. A su juicio, eso se debe porque vivimos una “dictadura del presente”, que se impone a los hechos que ya han ocurrido, cuando “el pasado no ha pasado todavía”. En algunas de esas novelas ha tratado de traer dicho pasado al momento actual para ayudar a entenderlo.

“Entender no significa justificar, sino darse los instrumentos para no volver a cometer los mismos errores, eso es lo que hace la literatura; la literatura no nos tranquiliza, nos saca de nuestras casillas”, aclara el novelista.

“Un buen escritor es lo contrario de un buen político; un buen político reduce un problema a sus líneas esenciales y resuelve el problema rápido” y pone como ejemplo a Adolfo Suárez. En cambio, un buen escritor lo que hace es volver un problema todavía más complejo”,

El pregonero también ha parafraseado en el pregón a nno de sus personajes para explicar que la mitad de la novela la pone el autor y la otra mitad el lector, que es el verdadero protagonista, porque “un libro sin lectores es letra muerta”. Añade que “la literatura está llena de trolas” y una de ella “es esa que dice que la literatura no es útil”. Considera que esta es una provocación que lanzaron autores en el siglo XIX como Wilde o Flaubert para refutar con ironía a aquellos que cuestionaban dicha utilidad de la lectura: “Era una forma de decirles a los repugnantes burgueses de su época que creían que solo lo que daba dinero es útil que se fueran a la mierda”.

“La literatura es una forma de vivir más, y no hay nada más útil que eso” subraya. “La literatura es un placer, como el sexo, por eso cuando alguien me dice que no le gusta leer, me sale dar el pésame”, afirma el escritor de Terra Alta, que tras la finalización de entrevista con público ha cortado la cinta inaugural de esta feria que se desarrollará hasta el domingo y ha firmado ejemplares de sus novelas en la caseta institucional.

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