El abrazo de la U
Cuando la U se abraza con la fortaleza del territorio, es un abrazo infinito de amor que perdura bajo el símbolo de la Cruz de Santiago. Los Caminos de Uclés pueden ser el inicio de una nueva estrategia Heritage para el desarrollo de este territorio.
Desde el primer día que puse un pie en el Monasterio ya me enamoró, y por más días y años que pasan, por más dificultades, por más bloqueos, se verifica que lo eterno pervive siempre y enciende llamas en todo lo que toca.
Si en la vida no te han abrazado como abraza este territorio, no has vivido lo suficiente para sentirte la persona más afortunada del mundo. Aquí el abrazo no es de un apóstol: es el abrazo de la amistad y de la vida, de los mejores deseos, de la paz, de la serenidad. Del amor, en definitiva.
Y es, sobre todo, el abrazo del descanso. El que se siente cuando uno llega después de muchas horas de camino, deja la mochila en el suelo, mira al Monasterio recortado contra el cielo y entiende, sin necesidad de palabras, que aquí se puede parar. Que aquí se puede respirar. Que aquí, durante un instante, el mundo se ordena.
Una vocal que es geografía
Hay letras que son geografía. La U de Uclés no es solo la inicial de un pueblo conquense de poco más de doscientos habitantes; es una vocal abierta como el horizonte de La Mancha visto desde un cerro de la Alcarria, un arco que abraza viñas, olivares, caminos de peregrinación y un Monasterio al que llaman, con razón, “El Escorial de La Mancha”. Esa U, pronunciada despacio, es una marca territorial con un potencial socioeconómico y medioambiental que la España rural, esa que demasiadas veces se mira con condescendencia, debería aprender a deletrear.
Caput Ordinis: ocho siglos en las piedras
Antes de hablar de futuro hay que entender el sedimento. En 1174, Alfonso VIII cedió el castillo de Uclés a la Orden de Santiago y aquel risco fronterizo se convirtió en Caput Ordinis, cabeza de la Orden y centro neurálgico de un poder espiritual, militar y económico que irradiaba sobre buena parte de la península. Sobre la antigua fortaleza, entre 1529 y 1735, se levantó el actual Monasterio de Santiago, con trazas de Enrique Egas y una iglesia herreriana firmada por Francisco de Mora. Plateresco, herreriano y churrigueresco conviven en sus fachadas como tres siglos de arte español puestos en pie.
Esa densidad histórica no es decorado: es capital simbólico. Y el capital simbólico, bien gestionado, se traduce en visitantes, en empleo, en arraigo.
Una llamada urgente: conservar el Monasterio
Quien quiera entender lo que está en juego, que suba a la galería superior del Monasterio, esa que muchos visitantes no llegan a recorrer. Allí, lejos del foco turístico, se ven cosas que duelen: goteras, manchas oscuras de humedad cubriendo la cubierta, paños de pared moteados por filtraciones, signos de un deterioro silencioso que avanza piedra a piedra sobre un Bien de Interés Cultural. No hace falta ser técnico para leerlas. Basta con caminar por allí, levantar la vista y darse cuenta de que el Escorial de La Mancha está pidiendo auxilio.
Esta columna es también una llamada de atención. No se puede construir una estrategia Heritage para todo un territorio sobre un edificio que se desangra por la cubierta. La conservación del Monasterio de Uclés debería ser hoy una prioridad compartida entre administraciones, empresariado y sociedad civil. Cualquier euro invertido en su cubierta y en su galería superior se devuelve multiplicado en turismo cultural, en empleo, en orgullo de pertenencia. Y, sobre todo, en respeto a quienes durante ocho siglos lo levantaron.
En esa vigilancia callada y tenaz hay un nombre que merece ser dicho en voz alta: el de la Asociación de Antiguos Alumnos del Monasterio de Uclés, que sigue cuidándolo con el interés de quien sabe que aquello fue, y sigue siendo, su casa. Quienes estudiaron entre estos muros vuelven cada año, organizan encuentros, recuperan memoria, llaman a las puertas que hay que llamar y se hacen cargo, con afecto y rigor, de lo que muchas veces nadie más mira. Sin ellos, sin esa fidelidad, la conversación sobre el futuro del Monasterio sería mucho más pobre. Tienen, en esta U, un lugar central.
Un Monasterio vivo: la labor pastoral de D. Pedro Medina
El Monasterio de Uclés no es solo piedra, archivo y paisaje: es también un lugar de oración vivo. Y lo es, en gran medida, gracias a la labor pastoral de D. Pedro Medina, que ha hecho de Uclés un destino espiritual de referencia para la diócesis y mucho más allá.
Impulsa, entre otras iniciativas, los Retiros mensuales en el Monasterio, que congregan cada mes a sacerdotes de toda la provincia de Cuenca y a fieles que llegan desde diferentes puntos de España buscando silencio, formación y descanso interior. Esa hospitalidad espiritual, sostenida con discreción y constancia, es otra forma de mantener encendida la llama de la Cruz de Santiago. Y demuestra que el Monasterio no es un museo cerrado sobre sí mismo: es una casa abierta que sigue cumpliendo, ocho siglos después, la función para la que nació.
Los campos: la DO Uclés
Quien atraviese la comarca en septiembre verá los viñedos como un mar verde sobre suelos calizos. La Denominación de Origen Uclés, reconocida en 2006, agrupa unas 1.700 hectáreas de viñedo repartidas entre veinticinco municipios conquenses y tres toledanos, con más de quinientos viticultores inscritos y cuatro bodegas: Fontana, Finca La Estacada, Bodega Soledad y La Estación.
No es una DO más. Es la denominación de origen situada a mayor altitud de toda Castilla-La Mancha, entre los 500 y los 1.200 metros: grandes oscilaciones térmicas, maduraciones lentas, uvas de pH bajo y vinos con vida larga en botella. Sus suelos contienen estroncio en cantidades poco habituales, mineral que firma los vinos con un carácter propio y los distingue de los vecinos manchegos.
Y, sobre todo, fue la primera denominación de origen de España en medir la huella de carbono en su totalidad, con verificación de AENOR ya en 2013. Más de una década midiendo emisiones, reduciéndolas, optimizando agua de riego y apostando por energías renovables. Tres de sus bodegas portan además certificación internacional de viticultura sostenible, y desde 2015 Uclés acoge cada año las Jornadas Técnicas de Sostenibilidad. La U, aquí, es también la U de uva, y la de un compromiso ambiental que no es marketing tardío sino política de bodega.
A los viñedos se suman el olivar tradicional, los cereales de secano, el azafrán y los girasoles que en julio convierten estos campos en una postal dorada.
El radio de acción: pueblos que la U conecta
La marca Uclés no se entiende sin su radio. Uclés vertebra el territorio de la provincia de Cuenca de forma radial y concéntrica: desde el cerro del Monasterio, los caminos salen como los radios de una rueda hacia los cuatro puntos cardinales y, a la vez, dibujan círculos sucesivos de pueblos, comarcas y paisajes que se sostienen unos a otros. No es una metáfora: es geografía y es historia. La Orden de Santiago lo entendió hace ocho siglos y por eso eligió este cerro como Caput Ordinis.
Y hay otra clave: Uclés es, por su situación, destino natural de llegada desde Madrid y desde Toledo, las dos grandes capitales próximas. Quien sale de Madrid por el sureste o de Toledo por el este encuentra en Uclés el primer gran hito monumental, espiritual y paisajístico. Esa condición de puerta y de meta, simultáneamente, es uno de sus mayores activos estratégicos.
Si tomamos como centro el cerro del Monasterio y trazamos un círculo, dentro caben territorios que en cualquier otro lugar de Europa ya serían itinerario cultural consolidado.
Los veinticinco municipios conquenses de la DO Uclés son El Acebrón, Alcázar del Rey, Almendros, Belinchón, Carrascosa del Campo, Fuente de Pedro Naharro, Horcajo de Santiago, Huelves, Huete, Langa, Loranca del Campo, Paredes, Pozorrubio, Rozalén del Monte, Saelices, Tarancón, Torrubia del Campo, Tribaldos, Uclés, Valparaíso de Arriba, Valparaíso de Abajo, Vellisca, Villamayor de Santiago, Villarrubio y Zarza de Tajo. A ellos se suman los toledanos Cabezamesada, Corral de Almaguer y Santa Cruz de la Zarza.
Pero el radio de la U va más allá del viñedo. A pocos kilómetros, en Saelices, late Segóbriga, una de las ciudades romanas mejor conservadas de la península. En Saceda del Río, en la Cueva del Sanabrio, en Torrejoncillo y en Huete se conservan las minas romanas de Lapis Specularis, el yeso translúcido que iluminaba las ventanas de Roma. En Noheda asoma uno de los mejores mosaicos del Imperio. Y un poco más allá, Recópolis, la ciudad visigoda fundada por Leovigildo en honor a su hijo Recaredo, cierra un mapa que abarca cuatro civilizaciones en un puñado de kilómetros.
Esto es lo que la U conecta: una constelación de pueblos pequeños, muchos amenazados por la despoblación, que comparten patrimonio, paisaje, gastronomía y una misma vocación productiva.
Los Caminos: peregrinar también es desarrollo
Si la DO es la columna agrícola, los caminos son las arterias. Lo digo desde la experiencia, porque desde hace años lidero estos itinerarios desde el área de Reto Demográfico de AFAMMER, caminando junto a mujeres rurales, alcaldesas, hortelanas, queseras, tejedoras, hospederas y emprendedoras que sostienen estos pueblos.
Hemos recorrido el Camino histórico entre Cuenca y Uclés, el Camino de Tinajas a la Virgen del Campillo, el Camino de Monreal del Llano a Villaescusa de Haro, el Camino de la Lana y, más recientemente, el Camino de las Flores y el Camino de Manjavacas. Cada uno ha sido una manera de demostrar, sobre el terreno, que la despoblación no es destino, que detrás de cada campanario hay un proyecto vivo, y que cuando las mujeres del medio rural caminan juntas, el territorio se enciende.
De las Flores a Manjavacas, y de Manjavacas a San Clemente
En julio de 2024 caminamos el Camino de las Flores, desde Fuentelespino de Haro hasta Uclés pasando por Tresjuncos, Puebla de Almenara, Almendros y Villarrubio. Llegamos al Monasterio el 25 de julio, Día de Santiago Apóstol, entre campos de girasol en pleno esplendor.
En 2025 vivimos el Camino de Manjavacas, otra extensión más de la red que se conecta a la U de Uclés. Partimos de Fuentelespino de Haro y, tras tres etapas por Puebla de Almenara, Osa de la Vega, Belmonte y Santa María de los Llanos, culminamos el 3 de agosto en Mota del Cuervo y en la ermita de Manjavacas, sumándonos a la Traída de la Virgen junto a todo el pueblo de la Mota.
Y en septiembre de 2026, ya terminada la siega, nos conectaremos con San Clemente, prolongando este mapa hacia el sur conquense, hacia la Mancha de Don Quijote y de los vinos de altura. Otro pueblo, otra etapa, otro pretexto para que la U siga abrazando, para que mujeres y familias del medio rural sigan demostrando que aquí no se camina por nostalgia: se camina por futuro.
Porque estos caminos son infraestructura blanda. No requieren grandes obras, sí albergues dignos, sellos, señalética, oferta gastronómica local y, sobre todo, complicidad municipal. Un peregrino que pernocta deja en el pueblo lo que un autobús turístico nunca dejará.
Una estrategia Heritage para el territorio
La marca U de Uclés tiene los ingredientes que cualquier estrategia de desarrollo territorial firmaría hoy: un símbolo arquitectónico de primer orden —que urge conservar—, una DO vitivinícola con liderazgo ambiental certificado, un anillo de pueblos con patrimonio romano, visigodo, árabe y cristiano, una red creciente de caminos de peregrinación que vertebra la provincia de forma radial y concéntrica, la condición privilegiada de destino de llegada desde Madrid y desde Toledo, y un tejido humano —especialmente femenino— que ya está moviendo el territorio.
Lo que falta es coser. Coser bajo una misma identidad gráfica y narrativa los vinos, los aceites, las hospederías, las rutas senderistas, los productos artesanos, los festivales literarios, las exposiciones del Monasterio. Coser para que la huella de carbono medida en las bodegas conviva con planes de movilidad sostenible entre los municipios. Coser para que las mujeres rurales que abren casas de turismo, obradores o editoriales no tengan que inventar cada vez la rueda. Y coser, sobre todo, para que el Monasterio que da nombre a esta U no acabe deteriorándose bajo nuestras propias goteras.
La U es vocal de unión. Que lo siga siendo.



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