Opinión

Mariana y la España disponible

Finalizó la Feria del Libro de Cuenca y aún no os he contado que el salón de actos de la Diputación Provincial se quedó pequeño el pasado 1 de mayo, dentro de las actividades de Cuenca Lee. Para mí fue una mañana especialmente luminosa, de esas que una guarda no solo en la memoria literaria, sino también en la memoria afectiva; fue un día significativo, ya que antecedía a la boda de mi hija y la felicidad del momento hacía aflorar la esperanza que brota de lo más hondo. 

Allí presenté el libro, España Disponible, junto a Adolfo Igualada Vera, autor de La Entrada de moros y cristianos en Mariana. Leyenda carolingia romanceada. Dos obras distintas, pero unidas por un mismo territorio emocional: los pueblos, la memoria, la cultura popular y esa vida rural que tantas veces ha sido mirada desde fuera sin comprender del todo lo que sostiene. La fecha no podía ser más simbólica. Era Primero de Mayo, Día del Trabajo, y la palabra volvía a poner en el centro los oficios, los cuidados, la tierra, el pan, la escuela, la transmisión oral y todas esas formas silenciosas de sostener la vida que durante generaciones han dado estructura a nuestros pueblos.

España Disponible es una edición exclusiva, en formato único, que reúne 38 artículos escritos in itinere a lo largo de los últimos siete años. No es una simple recopilación cronológica. Para mí es un mapa de pensamiento, escritura y compromiso con esa España que durante demasiado tiempo se ha llamado vacía o vaciada. Prefiero nombrarla de otra manera: España Disponible. Porque no está vacía. Está muchas veces mal mirada, mal escuchada y mal atendida. Durante mi intervención quise defender precisamente eso: la necesidad de cambiar el relato sobre los pueblos. Hablé de un territorio herido por la despoblación, sí, pero también lleno de vínculos, memoria, saberes, oficios, paisajes, cuidados y posibilidades. Este libro nace de años de observación, de sacrificio y perseverancia, de conversaciones, artículos escritos pueblo a pueblo, y una manera de atravesar la herida rural sin quedarse atrapada en ella.

Uno de los momentos más íntimos fue cuando volví al pan. Recordé que nací en una panadería y que, antes incluso de venir al mundo, ya escuchaba desde el vientre de mi madre el sonido de la refinadora, de la amasadora y la voz de las mujeres del pueblo. Para mí, la panadería no fue solo un negocio familiar, sino una escuela de vida y una arquitectura social. Allí no se compraba únicamente pan: circulaban noticias, afectos, recados, confianza y comunidad. También nombré el importante papel que tienen los técnicos de desarrollo sociocomunitario en los pueblos y los técnicos municipales algo que he puesto en valor a través de la novela, publicada en abril, que lleva por título: “Mi vida con Judas”, y que ya forma parte del proyecto de pentalogía temática de innovación social e intervención sobre la despoblación.

Hablar de la España disponible es hablar también del trabajo que sostiene el territorio. Del trabajo visible y del invisible. Del que se paga y del que no siempre se reconoce. Del trabajo de las mujeres, los mayores, de quienes cuidan, amasan, enseñan, siembran, limpian, acompañan y mantienen en pie la vida cotidiana de los pueblos.

A mi lado, Adolfo Igualada Vera presentó su libro dedicado a La Entrada de moros y cristianos en Mariana, una tradición que documenta desde los romances carolingios, los pliegos de cordel, la memoria oral y las representaciones populares conservadas durante generaciones. Su obra no se queda en el estudio académico. Quiere contribuir a que ese patrimonio cultural e inmaterial siga siendo conocido, compartido y representado por los más jóvenes.

Mariana estuvo muy presente aquella mañana. No solo como lugar citado, sino como comunidad viva. La obra de Adolfo recupera textos, personajes, versiones y recuerdos de la Entrada de moros y cristianos, y reconoce a quienes han permitido que la tradición continúe. En esa transmisión aparecen los antepasados, los danzantes, los vecinos, los jóvenes que retoman la representación y figuras como Floripés, convertida ya en memoria familiar y colectiva.

Sentí que aquella mañana no se presentaban únicamente dos obras. Se estaba celebrando una forma de pertenecer. La realidad de Cuenca entera junto a Mariana, la Serranía y la Alcarria se encontraron alrededor de la palabra para recordar que los pueblos no son un resto del pasado, sino una parte esencial del presente y del futuro.

En la Diputación Provincial, la España disponible tomó cuerpo en una sala llena. Junto a la Asociación de Escritores de Cuenca y autoridades locales. Y lo hizo a través de libros, voz, música, memoria, pan, romances, mujeres, oficios y comunidad. Todo aquello que demuestra que un territorio sigue vivo mientras haya alguien dispuesto a nombrarlo, contarlo y sostenerlo.

Agradecida a los medios de comunicación que me han dado voz durante todos estos años, son la melodía de una España Disponible que suena junto a los más exquisitos productos agroalimentarios de las comarcas con pocas personas. Gracias eternas por todo lo compartido. 

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