Cultura

El Drogas se gana las reverencias de Cuenca en una velada con esencia a Barricada

En una de las canciones que compuso en su etapa de Txarrena y que sigue formando parte de su repertorio, El Drogas nos habla de amaneceres que invitan a movernos sin reverencias. Puede que más de un conquense se encontrara con uno de ellos al final de la noche, pero al salir de La Fuensanta la mayoría habría agradecido la velada al cantante con una genuflexión o incluso un buen achuchón. Hay quien lleva el título de venerable por lazos de sangre. Enrique Villarreal se lo ha ganado a pulso en cada noche de rock’n roll que ha legado a la música española.

Unas tres mil personas disfrutaron de la primera de las citas musicales del nuevo recinto musical de La Fuensanta, que pasó la primera prueba en este festival Poetas del Rock que tenía como cabeza de cartel a El Drogas, merecedor también de ser bautizado con esa denominación. Interpretó un setlist de una hora y 45 minutos que, para cualquier otro artista, sería más que suficiente, pero que se quedó algo corto para el público acostumbrado a los recitales de tres horas que acostumbra a ofrecer el navarro, como hizo en Segóbriga o en la añorada Sala Babylon.

Si en el templo del Paseo del Ferrocarril predominó el repertorio de su proyecto en solitario, que entonces daba sus primeros pasos, en esta ocasión vino a Cuenca con artillería de Barricada de primera calidad, para regocijo de unos seguidores que, por momentos, viajaron a un pasado de litros en el parque y colillas humeantes aplastadas en el cenicero de los futbolines.

El Drogas descargó En la silla eléctrica para empezar y a partir de ahí fue disparando un clásico tras otro. No suele hablar mucho cuando está en el escenario, porque prefiere guardar el tiempo y la garganta para que haya espacio a más canciones, pero su presencia en el escenario, rematado por una pasarela que le acercaba al público, hacía vibrar a la gente tanto como las guitarras que se entrelazaban con los versos que flotaban en la noche; a veces divertidos, como en Todos mirando; otras sensuales, como en Animal Caliente o estremecedores, como en la versión de Frío de Manolo Tena y también combativos, como en No hay tregua; y salvajes, como en la imprescindible En blanco y negro, último gran test para el tapete del nuevo recinto de conciertos de Cuenca. 

Sonaron casi todas las canciones que tenían que estar y, sin embargo, cuando se repasa el repertorio es fácil lamentar alguna ausencia, lo que dice mucho de la grandeza del Barricada y El Drogas, leyenda de rock nacional que camina entre nosotros.

Antes del concierto del navarro los conquenses disfrutaron de la inclasificable propuesta del equipo formado por Los Estanques y El Canijo de Jerez, que se presentó en el escenario metido en un ataúd. Había mucha incertidumbre de qué podían ofrecer juntos en una actuación y seguramente hubo quién esperaba un repertorio “delinquentero”, pero luego se encontró con un espectáculo de rock setentero, con distorsiones, teclados y guitarras asalvajadas. 

Al final, la mezcla resultó explosiva, porque Los Estanques tocan como pocos grupos de rock en este país y El Canijo aportaba su toque gamberro y callejero a los temas. El concierto tuvo toques lisérgicos, ecos de Triana y hasta un temazo de Los Chichos que terminó de despejar las dudas de quienes habían recibido con escepticismo esta propuesta.

Por su parte, el grupo conquense Expolike se encargó de abrir este Poetas del Rock con su punk tan festivo como reivindicativo. Durante su actuación se acordaron de Palestina, presente en la pantalla en todo momento, pero también de los bomberos forestales y de la gestión de Mazón durante la dana de 2024.

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