Sábado Santo en Cuenca, los rayos de sol que predominan en este día primaveral nada tienen que ver con el luto que guarda la ciudad.
El dolor de la pasión aún aguarda en los corazones conquenses, que esperan el momento para seguir arropando a su madre.
En San Esteban, los nazarenos esperan pacientes, concentrados, no se escucha ningún ruido, la Cuenca nazarena está de luto.
A las 19:00 horas se abren las puertas de la iglesia de San Esteban, la cabecera se abre paso hasta encabezar el desfile procesional. Las Marías asoman por las puertas del templo para comenzar el ascenso.
Los fieles arropan durante todo el camino a la madre. Entre ellos, una larga filade niños que han querido sumarse a esta comitiva.
El silencio que acompaña a la tarde solo lo rompe el ruido de la carraca y las matracas que resuenan por las calles de la ciudad.
Nuestra Señora de los Dolores, arropada y acompañada de María Magdalena y María Salomé, avanzan lentamente en su ascenso hacia la Catedral.
El ascenso, con paso firme y seguro, va avanzando hasta llegar a la complicada calle del Peso, donde se ha podido apreciar el gran trabajo de los banceros, bajolas órdenes de su capataz, María Rodríguez.
La tarde va cayendo en Cuenca, el cielo, que lucía resplandeciente, va abandonando poco a poco la claridad para cubrirse con el manto negro de una noche de duelo.
Cuando el cortejo procesional llegaba al Oratorio de San Felipe Neri, el Coro del Conservatorio entonaba el Stabat Mater.
Los hermanos, ascendiendo por Alfonso VIII, iluminan con sus cirios el camino.
Cuando la imagen aparecía por los arcos del Ayuntamiento, la Plaza Mayor guardaba silencio, solo el leve sonido de los tambores marcaba el paso deNuestra Señora de los Dolores y las Santas Marías.
En la Catedral, el Coro de la Capilla recibía a la hermandad y a su sagrada imagen con la marcha y motete “Llora la Virgen”, compuesta por uno de sushermanos, Pedro J. García Hidalgo. En la puerta, el director de la Catedral, Miguel Ángel Albares esperaba la llegada de la imagen.
Una vez dentro, con la tenuidad del duelo, el coro entonaba el Stabat Mater mientras los banceros mecían a su imagen dejando un emotivo momento parael recuerdo.
El obispo de Cuenca encendía el cirio pascual, la ciudad que hacía tan solo unas horas que caminaba bajo la penumbra se reconciliaba con la luz.
El sábado de Gloria ya está aquí y con él la esperanza de que la vida vuelve a latir.



















































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