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Semana Santa

“El conquense es bancero de sangre”

A las puertas del inicio de la Semana Santa de Cuenca, donde la tradición y la técnica se entrelazan en un escenario inigualable, Juan Ignacio Cantero, periodista y escritor conquense, pregonero de la Semana Santa 2025 y experimentado bancero para resolver algunas de las posibles preguntas que pueden surgir mientras se es testigo del unísono trabajo de gestionar una salida complicada, una curva estrecha o la interminables cuestas que conducen a la catedral.

Con tradición familiar en la Hermandad de Jesús Orando en el Huerto, en la que comenzó a salir como bancero a la edad de 15 años, algo hoy imposible. , En la actualidad, Cantero llega a portar las imágenes en otras tres cofradías, procesionando hasta en cuatro ocasiones durante la semana. Una experiencia que vive con emoción año tras año, pero que también reconoce como un esfuerzo físico considerable, en el que no solo es el hombro el que hace el esfuerzo.

Bajo el paso, describe sentir “todo el cuerpo en tensión, desde los riñones hasta el brazo que sujeta la horquilla”. Un esfuerzo individual, pero perfectamente coordinado y planeado para el funcionamiento del conjunto ,desde el día del tallaje hasta el fin de la procesión.

Todos los banceros cargan por igual, aunque para asegurarlo hay que poner especial atención al lugar que ocupan los integrantes más altos. Estos se situarán en la parte de atrás en el momento de subir cuesta arriba para compensar que el centro de gravedad hace caer el peso, y al contrario cuando se baja la cuesta. Porque como sostiene Cantero, “lo que hace especial y condiciona la Semana Santa de Cuenca y su forma de procesionar tan castellana es la propia Cuenca y su orografía”.

Por cuestiones puramente físicas, pone como ejemplo que pasos de mayor tamaño, como los acostumbrados a ver en otras partes de España no serían capaces de entrar por calles estrechas o esquinas tan complicadas como la Calle del Peso.

Cantero extiende esta relación entre Cuenca y la su semana grande casi a la genética, pues sostiene que los conquenses “son banceros de sangre”, ya que los nuevos integrantes “se adaptan con muchísima rapidez y naturalidad, como si en el ADN vinieran ya escritos los ritmos y técnicas dictados por el capataz”.

Una voz, la del capataz, que Cantero destaca por su importancia en los momentos más difíciles, siempre presente para indicar pasos extra a derecha o izquierda que corrigen la trayectoria. Una voz, que junto a los golpes de horquilla, son las únicas referencias con las que se orienta el bancero.

Cantero apunta que uno de los errores más comunes entre banceros noveles es que “quieren llevar el banzo solos”, en vez saber gestionar la energía y la fatiga durante trayectos largos. También rememora como, hace no tantos años atrás, las cuadrillas antiguas consideraban que la penitencia era llevar el paso de principio a fin de la procesión. Él ha procesionado de esta forma, pero ahora, con una generación menos acostumbrada al trabajo físico diario que la de su padre, se organizan relevos que se efectúan de la manera más rápida posible.

En cuanto a la seguridad, aporta algunos consejos sobre todo para jóvenes banceros, como no usar ningún tipo de protección en el hombro que pueda influir en el tallaje original, cuidar mucho la postura a la hora de cargar, no mantener una tensión excesiva, adaptar el hombro al banzo y aceptar su peso. Aclara también que las molestias en hombro y cuello “son algo normal”, pero que las lesiones no son algo común ni siquiera en casos como él, que procesiona en media Semana Santa. No obstante, en caso de que un bancero se encontrara en una situación de lesión física o fatiga extrema, las cofradías cuentan con protocolos de actuación y relevos siempre a mano.

Para Cantero, no todo el trabajo es físico, “hay habilidades invisibles que un bancero debe tener dentro para el correcto funcionamiento de la cuadrilla”. Entre ellas destaca la solidaridad y el compañerismo entre los banceros.

Para concluir, el pregonero de la Semana Santa de Cuenca 2025 explica que la mente “no funciona igual en todos los momentos del itinerario”. Justo antes de salir a la calle, es un momento “muy emotivo” en el que s se acuerda de por qué está ahí, de su familia, sus tradiciones y su fe, mientras que en los momentos más duros, lo que le empuja a seguir es pensar en sus compañeros con los que comparte peso y penitencia.

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