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La Catedral de Cuenca celebra el centenario de Gerardo Rueda con una gran exposición antológica

La Catedral de Cuenca conmemora el centenario del nacimiento de Gerardo Rueda (1926-1996) con una gran exposición antológica dedicada a uno de los nombres fundamentales del arte español de la segunda mitad del siglo XX que será inaugurada el próximo 10 de octubre y concluirá el 10 de enero de 2027.

El Cabildo de la Catedral de Cuenca no ha querido dejar pasar una efeméride de esta trascendencia sin rendir un gran homenaje al artista, cuya historia quedó unida para siempre a la del templo a través de los doce vitrales circulares que realizó para los óculos del triforio.

Bajo el título “Gerardo Rueda. Centenario en la Catedral de Cuenca (1926-2026)”, la exposición propone un recorrido por la trayectoria del artista y adquiere una dimensión excepcional por celebrarse precisamente en el lugar que conserva una de sus intervenciones más singulares: un conjunto de vidrieras en el que abstracción, geometría, color y luz entran en diálogo con la arquitectura gótica de la Catedral.

No se trata, por tanto, únicamente de recordar a Rueda cien años después de su nacimiento. La Catedral quiere volver a situar su obra ante el público desde el lugar con el que el artista estableció uno de los diálogos más extraordinarios de su carrera.

EL HOMENAJE DE LA CATEDRAL A GERARDO RUEDA

La celebración parte de una historia compartida. Fue el Cabildo de la Catedral el que confió a Gerardo Rueda, Gustavo Torner, Bonifacio Alfonso y Henri Dechanet la creación de los vitrales contemporáneos del templo, dentro de un proyecto concebido bajo una idea de enorme fuerza simbólica: “De la tierra al Paraíso”.

En el caso de Rueda, aquella intervención se concretó en los doce vitrales circulares del triforio, concebidos desde su lenguaje abstracto y vinculados al universo poético de la Divina Comedia de Dante.

Ahora, en el año en que se cumplen cien años de su nacimiento, el Cabildo recupera aquel vínculo para convertir las Salas de Exposiciones de la Catedral en escenario de un homenaje que une la obra histórica del artista con una selección representativa de su trayectoria.

La efeméride adquiere una relevancia especial en Cuenca, ciudad indisociable de la historia de la abstracción española y de la propia trayectoria de Rueda.

UNA MIRADA A TODA UNA TRAYECTORIA

La exposición, de carácter antológico y retrospectivo, recorre diferentes momentos de la producción de Gerardo Rueda y permite observar la evolución de un artista que hizo de la geometría, la materia, el espacio, el color y la búsqueda de lo esencial algunos de los grandes territorios de su creación.

La selección abarca desde los paisajes de inspiración cubista de sus primeros años hasta los collages, ensamblajes, estructuras y obras de madurez, mostrando la extraordinaria libertad con la que Rueda atravesó distintos lenguajes de la modernidad sin quedar definitivamente adscrito a ninguno de ellos.

El collage, que el propio Rueda consideraba su verdadero momento de creación, ocupa un lugar fundamental en ese recorrido y permite comprender el proceso que terminaría conduciéndolo desde el papel hacia la construcción, el volumen, la geometría y, finalmente, hacia la luz.

La exposición ha sido posible gracias a la generosidad de José Luis Rueda y a su importante colección particular. La selección de las obras ha sido realizada por Miguel Ángel Albares Albares, curador de la exposición, junto con José Luis Rueda.

PIEZAS VINCULADAS A LOS VITRALES, POR PRIMERA VEZ ANTE EL PÚBLICO

Uno de los grandes atractivos de la exposición será la posibilidad de contemplar por primera vez cartones y otros objetos relacionados con la creación de los vitrales de Gerardo Rueda para la Catedral, gracias a la generosidad del maestro vidriero Jacinto Cuesta Sanabria.

Los cartones diseñados por Rueda fueron trasladados al lenguaje de la vidriera por el taller conquense Vítrea, dirigido por el maestro vidriero Henri Dechanet.

El resultado puede contemplarse hoy en los doce óculos del triforio: composiciones abstractas en las que rojos, azules, verdes, amarillos y blancos se transforman continuamente al ser atravesados por la luz natural.
De esta manera, la exposición permitirá establecer una relación excepcional entre el proceso creativo y la obra definitiva, entre aquello que nació sobre el plano y aquello que terminó convertido en luz dentro de la arquitectura.

RUEDA, DANTE Y LA LUZ

La exposición propone además una lectura especialmente sugerente de los vitrales a través de la relación intelectual de Gerardo Rueda con Dante Alighieri y la Divina Comedia. Rueda conocía profundamente la obra de Dante. Los doce círculos de la Catedral encuentran un eco singular en el universo de las esferas celestes del Paraíso, pero sus vitrales no pretenden ilustrar literalmente el poema. La relación es más profunda. Rueda traduce a su lenguaje abstracto el gran tránsito que recorre la obra de Dante: de la materia a la luz, de lo visible a lo invisible, de la tierra al Paraíso.

La arquitectura gótica participa de ese mismo movimiento. La piedra se eleva, el muro se abre y la luz termina ocupando el espacio que abandona la materia. En ese punto exacto aparecen los vitrales de Rueda.
Por eso, en la Catedral de Cuenca, la obra no termina en el vidrio. La luz atraviesa el color, se proyecta sobre la piedra y transforma el propio espacio. Rueda no pinta simplemente una ventana: pinta con la luz que atraviesa la ventana.

CUENCA, CAPITAL HISTÓRICA DE LA ABSTRACCIÓN ESPAÑOLA

Celebrar el Centenario de Gerardo Rueda en Cuenca supone también reivindicar uno de los capítulos fundamentales del arte español contemporáneo. La relación de Rueda con Fernando Zóbel y Gustavo Torner y con la extraordinaria aventura artística surgida en torno al Museo de Arte Abstracto Español convirtió a Cuenca en uno de los focos decisivos de la renovación artística española del siglo XX.

Dentro de esa historia, Rueda desarrolló una personalidad radicalmente propia: una abstracción contenida y reflexiva, construida desde la geometría y caracterizada por la sutileza del color, la precisión formal y una permanente voluntad de alcanzar lo esencial. Cien años después de su nacimiento, su obra mantiene intacta esa capacidad de interpelar al espectador.

UNA CATEDRAL QUE HACE DIALOGAR OCHO SIGLOS DE ARTE

Con esta exposición, el Cabildo reafirma también una de las singularidades culturales de la Catedral de Cuenca: su capacidad para establecer un diálogo entre el patrimonio histórico y la creación contemporánea.
Las formas abstractas de Rueda no compiten con la arquitectura medieval. Se incorporan a ella.

El círculo, la geometría, el vidrio y el color prolongan mediante un lenguaje del siglo XX una aspiración presente desde el origen de la arquitectura gótica: transformar la materia mediante la luz.

Por ello, “Gerardo Rueda. Centenario en la Catedral de Cuenca (1926-2026)” no pretende ser únicamente una retrospectiva. Es, ante todo, el gran homenaje que la Catedral de Cuenca ha querido rendir a Gerardo Rueda en el Centenario de su nacimiento.

Un reconocimiento a un artista extraordinario y, al mismo tiempo, una invitación a contemplar su obra desde un escenario imposible de reproducir en ningún museo: la propia arquitectura para la que Rueda creó sus vitrales y la misma luz natural que, cada día, continúa transformándolos.

Cien años después de su nacimiento, Gerardo Rueda regresa así simbólicamente a la Catedral. A la geometría. Al color. A la luz. De la tierra al Paraíso.


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