En el día en el que el Museo de Arte Abstracto de las Casas Colgadas cumplía sesenta años Rocío Márquez, al otro de la hoz del Huécar, hizo suya la libertad creativa que desde entonces flota suspendida por este rincón del mundo y, al igual que hicieron aquellos artistas con la pintura, demostró en el Parador de Cuenca que se puede jugar con la forma y la textura de la canción sin que la belleza se vea comprometida.
Cuatro veces ha venido Rocío Márquez a Estival Cuenca y cada una de ellas ha acudido con una propuesta cada vez más osada. Cuando parecía imposible superar el listón de riesgo marcado por su inolvidable rave flamenca con Bronquio de hace tres años, la onubense y su compañero de aventura, Pedro Rojas Ogáyar, adentran al flamenco en los terrenos de Sonic Youth, donde la voz tiene que pugnar con la distorsión del pedal y la lírica avanza tanteando paredes rugosas, a veces cortantes.
Durante el recital, Márquez explicó que el proceso creativo de este Himno vertical fue concebido como una improvisación a partir de la poesía experimental y un duelo compartido con su compañero de proyecto. “Me rompo en pedazos para darte a ti las piezas que faltan de un puzle sin fin”, canta la artista en unas letras que desgarran casi tanto las guitarras eléctrica y española de Rojas Ogáyar.
De esta forma, el concierto nos empuja hasta el fondo de un abismo y la cantante, una estudiosa de la voz, exprimer todos los recursos de su boca y se apoya en loops y efectos de la mesa para que el espectador sienta la humedad de la grieta en la que se ha metido y las voces interiores que revolotean en la cabeza del que se siente perdido.
En una atmósfera psicodélica, la voz de Rocío Márquez pasa de melosa a huracanada en función de la presión que impone la guitarra y en algunos momentos incluso se funde con las cuerdas. Toda esta fricción erosiona el precipicio y, a medida que avanza el repertorio, aparecen los asideros a los que agarrarse para comenzar la escalada hacia la luz.
“Todas las penas que antes me afligían serán elección”, sentencia Márquez. Siempre queda alguna duda sobre cómo seguir adelante. “No sé qué borrar primero si tu sombra o si tu cuerpo”, se pregunta. Pero lo importante es seguir y en la vida, después de la distorsión, al final del túnel esperan la guajira y la bulería, como en este recital del que es difícil salir indemne.
Antes de la actuación de Rocío Márquez y Pedro Rojas se subió al escenario la cantautora conquense Alicia Castillo. La de Villar del Horno demostró que sigue dando pasos firmes en un concierto en el que contó con la colaboración del manchego Álvaro Halley.
Estival continúa este jueves con una estrella internacional del jazz, Paquito D’Rivera y la Teacher’s Band.












































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