Opinión

Los bosques, un gran medicamento (I)

Horacio decía: “Todos los escritores, sin excepción, aman los bosques”. 

Son muchos los regalos que nos hace la Naturaleza ofreciéndonos siempre gratas emboscadas. Podemos sosegarnos dejando que el bosque nos tienda una emboscada y nos atrape amablemente en sus brazos. Y todo ello sin largos desplazamientos. Hasta cualquier paseo por un parque urbano (por ejemplo, la foto de cabecera, el Parque del Vivero de Cuenca), te puede convertir en esos momentos en un ser con paz y sosiego. Nos podemos incluir en las espesuras y troncos, alejarnos del ruido. Tenemos muchas opciones.

Adentrarse en el bosque es placer que conviene degustar despacio, sin planes prefijados. Si el paseo se hace sin distracciones, la experiencia puede ser placentera y didáctica, tan estética como ética. La emoción que nos regalan los bosques cuando los transitamos, es decir, cuando nos dejamos transitar por nuestra sensibilidad, fluye positividad.

Debemos tanto a los árboles que no caben en cinco libros LOS REGALOS que nos ofrecen las arboledas.

Nadie es dueño de un paisaje entero, y sin embargo, nada te da más posesión de ti de lo infinitamente más grande que tú.

El árbol nos proporciona muestras de ÉXITO, amigos lectores, daros cuenta, y es una reflexión de Prem Rawat, inspirador de paz, que el que suscribe usó en los procesos de los actos psicoterapéuticos con pacientes entre otras medidas: ” La próxima vez que veas un árbol date cuenta del éxito que supone esta existencia. Obsérvalo con detenimiento y, si puedes, date cuenta de lo siguiente: ese árbol representa muchas cosas que sucedieron correctamente. Muchas cosas salieron bien. Muchas cosas están bien. En alguna parte, una semilla cayó en la tierra. Y la semilla era adecuada, idónea, llevaba un maravilloso potencial en su interior. Esto además sucedió en la estación apropiada, y esa estación permitió que el potencial de la semilla se manifestara. También recibió la cantidad de agua adecuada. Si hubiese recibido demasiada agua y es perfectamente posible que la semilla hubiera sido arrastrada. Pero recibió la cantidad precisa de agua a la velocidad adecuada. Y adecuada fue también la tierra en que cayó.

Así la semilla germinó. Podría haber sido presa de algún animalito en busca de alimento, pero no fue así. Una helada mortal podría haber destruido a la pequeña planta, pero no lo hizo.

Según iban alternándose las estaciones, cada una de ellas fue lo suficientemente benigna como para permitir que la manifestación de ese potencial pudiera tener lugar, pudiera seguir adelante. Así pues, continuo. Tal vez se produjera un incendio, pero no fue lo suficientemente severo para acabar con la planta. Y llegaron sequías e inundaciones, pero tampoco fueron tan rigurosas como para matarla.

De algún modo, a través de muchas estaciones, la manifestación de este potencial continuó y continuó. Y eso durante muchos meses y años. Algo fue prosperando y aquí está. Algo funcionó en ese árbol.

CUANDO MIRES A ESE ÁRBOL, MÍRATE A TI MISMO BAJO LA MISMA ÓPTICA TAMBIÉN. Date cuenta del ÉXITO que supone esta existencia. No es un concepto, es real. Cada uno de nosotros representa ese éxito, el cual continúa desarrollándose. ¿Cómo lo sabes ?.

Porque el regalo del aliento sigue resonando en tu interior. Funciona, funciona…. estás aquí viviendo”.