Opinión

Ser mujer en la guerra

Las hemos visto correr, gritar, llorar; abrazar y besar a sus hijos y a sus parejas antes de despedirse; proteger y arrullar a sus bebés en un intento de conciliar el sueño. Las hemos visto con la mirada perdida, y con el rostro sin gesto, donde se podían leer todos los sentimientos: tristeza, desolación, desesperanza…, miedo. Las hemos visto con sus maletas a rastras, dirigiendo el paso de los más pequeños. Las hemos visto con rabia, fuertes, valientes. También las hemos visto morir. Y en ese intento de recolocar la vida en otro país, las hemos visto unidas, solidarias, agradecidas, y dando una lección de fortaleza al mundo.

Este 8 de marzo nuestro pensamiento ha estado con ellas, con todas estas mujeres a las que la guerra les ha arrebatado sus seres queridos, sus hogares, sus trabajos, sus sueños. Mujeres a las que el 8 de marzo les ha sabido amargo, porque no tienen nada que celebrar. Pero estas mujeres también saben que son ellas las que tienen que ayudar a las generaciones más jóvenes a comprender la realidad, y aceptar que ahora toca seguir viviendo.

Desde Cuenca Ahora queremos dedicar nuestro mensaje a todas esas mujeres que después de un largo camino han podido encontrar un lugar de paz que las acoja a ellas y a sus familias. Mientras los efectos de la guerra nos han abierto los ojos a todos, la España vaciada también ha abierto sus puertas y su corazón.

Mila Herreros es vicecoordinadora de Cuenca Ahora