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Estudios de artista: Pablo Palazuelo, de París a Cuenca

La génesis de un artista forma parte del misterio de la pintura. La visita al Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca siempre va a suponer un encuentro con lo desconocido, a la belleza y la complejidad de la abstracción de muchos cuadros hay que considerar la órbita de las vidas de cada pintor, todas las obras de arte atraviesan caminos dispersos para llegar a su última estación. La pieza “Omphale V” de Pablo Palazuelo es una de las joyas que habitan las Casas Colgadas. Encargada por Zóbel para formar parte de la colección abstracta,  su llegada apoteósica al museo conquense se prolongó hasta mayo de 1968. Puertas adentro de los estudios de artista, en el devenir de los años de vida como quehacer, al decir de Ortega, pues la vida “es un faciendum y no un  factum”, se forja la soledad del pintor que dará a la luz todas sus creaciones futuras.

Para conocer los entresijos de muchas de las historias de la vida de un pintor y el universo de sus cuadros hace falta la labor inconmensurable del crítico de arte. Recientemente vieron la luz dos libros de trascendencia para mayor reconocimiento de la trayectoria artística de un creador como Pablo Palazuelo, nacido un 8 de octubre en Madrid. A su figura ha dedicado toda su atención Alfonso de la Torre (Madrid, 1960), teórico y crítico de arte especializado en arte español contemporáneo. Dos libros a su cuidado brindan nuevos reflejos para conocer al artista. En 2019, apareció el volumen “Calma, silencio, trabajo en paz. Pablo Palazuelo y Eduardo Chillida en Villaines-sous-Bois”, un libro exquisito con fotografías de los estudios de artista de ambos pintores. La publicación de Ediciones del umbral, dentro de la colección “Invisible”, contiene pasajes escritos por Pablo Palazuelo durante su estancia francesa compartida con Chillida, fue en 1950 cuando los dos artistas recalaron en esta población de las afueras de París. Y el libro nos descubre la grata sorpresa de un diario de la visita del propio Alfonso de la Torre a la localidad francesa en sendos noviembres de 2009 y 2010. Siendo una de las referencias esenciales para el estudio de la abstracción española y del Grupo de Cuenca, el crítico de arte se persona en la Rue Saint Jacques parisina, se asoma a las ruinas del supuesto y olvidado molino “Pompei” donde se alojó Chillida, conecta in situ con el lugar de la estancia de los dos artistas antes de sus proyecciones internacionales, rescata para la posteridad aquellas huellas y relumbres de un silencio cósmico que constituye el origen de lo que sería el aura y despegue de los dos artistas. 

Y es que Palazuelo había llegado un par de años antes a Francia con una beca, expuso en la mítica galería Denise René, y de ahí el rumbo hacia Cuenca para formar parte de la historia del Museo abstracto. Hizo sus primeras incursiones en la llamada Escuela de Madrid y su fichaje en la galería Maeght fue providencial. La concesión del Premio Kandinsky o la participación en la apertura de la Sala Juana Mordó de Madrid forman parte de su trayectoria vital. Y su trabajo en paz junto al prado y los manzanos “viejísimos” de Villaines-sous-Bois es una imagen inquiriente, seductora, sobre aquellos aires agraces de un medio siglo en penumbra tras la Segunda Guerra Mundial y la prolongación de la dictadura en España. Acompañan al libro de Alfonso de la Torre, ya de cita ineludible junto a sus otros muchos trabajos dedicados al artista madrileño, la reunión de ilustraciones a color con las obras de la serie “Les solitudes” de Palazuelo, fotografías del artista junto a Eduardo Chillida y Pilar Belzunce, compañera inseparable del artista vasco, con quien se casó aquel mismo año de 1950. Cada página del libro evoca momentos pasados y vivencias sucedidas, los tránsitos del tiempo que irradian en la cosmovisión de los artistas una huella inquebrantable.  

El 8 de octubre del 2020 también vio a la luz el libro “Cuaderno Villon “Álbum publicado por la Fundación Pablo Palazuelo y al cuidado de Alfonso de la Torre, una verdadera joya en tapas duras que nos asoma a la vista del estudio de Pablo Palazuelo en el número 13 de la Rue Saint-Jacques de París, primera página, y continúa para deleite de los lectores con una introducción a dos tintas y en versión bilingüe español-inglés, donde Alfonso de la Torre descubre el mágico y cautivador suceso de un cuaderno ilustrado por Palazuelo sobre versos de François Villon, el poeta francés del siglo XV condenado a muerte y a quien se le prohibió volver a París durante una década y desapareció para siempre. Acompañado de fotografías de Jean-Jacques Moreau, el Álbum contiene poemas, imágenes, instantáneas rememoraciones con medio milenio de distancia concentrada. Con dedicatoria manuscrita de Pablo Palazuelo del verano de 1955, la reproducción de momentos de los alrededores del París del artista madrileño trasladan la mirada y la memoria a un tiempo genuino, trascendental, enigmático, el de los años de París que precedieron entre libros de alquimia al “Omphale V”, la obra que cuelga en el Museo Abstracto Español de Cuenca, aquella piedra que Zeus dejó en el centro del mundo, y de la que dan cuenta Píndaro y Pausanias, y Pablo Palazuelo, deciens repetita placerit. 

Créditos de la imagen: Fotografías cortesía de Alfonso de la Torre (Archivo: Fundación Pablo Palazuelo)

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