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En El Calvario, la procesión en la que el color trata de maquillar a la tragedia

El Viernes Santo conquense, antes de ponerse el luto, viste hábitos de colores para que en Calvario, el Cristo que la ciudad ve perecer pueda marcharse con una última luz al otro lado.

La más intensa jornada nazarena de Cuenca comenzó a escribir su segundo capítulo a las 12:30 horas, cuando se abren las puertas de San Esteban para la salida de la Exaltación. 

La hermandad cumple 75 años y sus banceros salían a la calle convencidos de que va a ser un aniversario memorable.

A continuación, sale del templo de la Plaza de la Hispanidad el segundo paso de la hermandad del Santísimo Cristo del Perdón, el Descendimiento, con un nuevo sudario tendido en la cruz.

Con la comitiva ya en marcha, la Virgen de las Angustias ultimaba los detalles de su salida en el convento de las Concepcionistas de la Puerta de Valencia. Los banceros acunaban al Cristo Descendido mientras dejaban paso a la hermandad que encabezaba la procesión. Después han iniciado su camino, con esa serenidad que tanto cuesta conservar en la tragedia.

Poco después sale del convento la Virgen de las Angustias. El capataz dio la orden de “¡Al Hombro!” y el himno nacional acompañó el movimiento que eleva a una madre que necesita que la levanten tras su pérdida. Como ocurre en numerosas ocasiones, el público tuvo que chistar por un amago de aplauso por parte de algún visitante que desconoce que en Cuenca el vítor siempre es callado.

La última estación de recogida de nazarenos de la procesión En El Calvario está en la iglesia de El Salvador. Desde allí se unen dos hermandades: la del Cristo de la Agonía, que desfila con el Cristo de Marfil y con la imagen con la que Coullaut Valera dio forma al último suspiro de Jesús.

El cortejo ha quedado al completo con la salida de la hermandad del Cristo de la Luz, con las imágenes de La Lanzada y el Cristo de los Espejos, que ocupan su lugar para que la procesión complete su orden narrativo. Con todos los pasos en su sitio, se descubría el drama que trataba de pasar desapercibido entre capuces, cetros e incienso.

Durante su recorrido, la procesión ha dedicado pequeños momentos a algunos de los nazarenos que hoy contemplan el calvario desde el cielo, como Javier de León, Pedro Malo y Jesús Soriano. La Semana de Cuenca es su fe, su imaginería y su gente.

El dolor por los que se han ido se mitiga con la esperanza que se abre al ver las filas del Viernes Santo tan cargadas de niños, algunos tan precoces como la pequeña de Sara, que con apenas 26 días en el mundo ya viste de nazarena.

Tras una subida ágil, la procesión En El Calvario llega a una Plaza de Mayor que ya no está tan abarrotada como unas horas antes, lo que permite a los espectadores disfrutar sin apretujones de la llegada de estos pasos al son de las bandas de Cuenca, Villarejo de Fuentes, Almonacid del Marquesado, Las Mesas y Morata de Tajuña.

Como es habitual, la Virgen de las Angustias, que cerraba el cortejo, cruzó la plaza hasta el Palacio Episcopal para tomarse un descanso. Porque una madre puede llevar la pérdida de un hijo con infinita entereza, pero al final también necesita un minuto para llorar sin que nadie la vea.

Tras el receso, la procesión ha iniciado su descenso bajo un calor al que le ha costado hacer acto de presencia en esta Semana Santa. Al frente del desfile, nuevamente, la Exaltación, que es la primera hermandad que recibe el Miserere del Coro del Conservatorio en San Felipe Neri. Estas voces entonaron también el Jesu Christe de Van Berchem para los dos pasos del Cristo de la Agonía y el Stabat Mater a la Virgen.

Mucho público espera a la procesión en San Juan y en Palafox. Hay gente que ve el mismo desfile en muchos sitios en busca de instantes y significados nuevos y otros que escogieron un lugar hace muchas Semanas Santas y acuden allí cada año, lo que les convierte, en cierto modo, en parte del paisaje nazareno.

La Lanzada se acuerda de Encarna, abuela de una de sus hermanas mayores, cuando la procesión se adentra por Carretería, abarrotada de público que busca las filas de cruces que conforman este Calvario multiplicado y los reflejos que desprende el Cristo de los Espejos cuando el sol lanza sus últimos rayos antes de prepararse para su retirada.

En San Esteban comienza a despedirse la segunda procesión del Viernes Santo. La Exaltación ha cumplido con lo prometido y 2026 quedará para el recuerdo por la efeméride del 75 aniversario y por un primoroso desfile.

El resto de hermandades continuaron hasta su lugar de origen. Los pasos de la Agonía entran al templo y la luz imita los estertores del Cristo que se retira al interior de la iglesia de El Salvador.

El desfile culminó en Las Concepcionistas, donde hay tantas personas como penas. Incluso el río Huécar parece dolido y gime cuando el Descendido y la Virgen de las Angustias se marchan. La procesión se vació y no quedaba ni rastro del color que había maquillado la tragedia. Se había impuesto el luto en la ciudad de Cuenca.

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