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Semana Santa

Un mensaje de Paz y Caridad atraviesa Cuenca en la procesión del Jueves Santo

Cada Jueves Santo, la Cuenca nazarena se congrega en San Antón para convertir la ciudad en una plegaria de Paz y Caridad. Siempre sobran los motivos para pedir paz. Este año, si cabe, todavía más. El mensaje ha llegado a través de la procesión a unas calles repletas durante todo el recorrido.

A las cuatro y media de la tarde, sol ha puesto el foco en la iglesia de la Virgen de la Luz para iluminar la salida del Cristo de las Misericordias, proa de la Archicofradía de Paz y Caridad, con Álvaro García Mora como nuevo capataz del Cristillo.

La Iniestense ha dado una bienvenida al Huerto de San Antón, que en su salida escucha por primera vez en procesión la marcha Luz Nazarena, compuesta por el hermano y bancero Luis Miguel Pardo Mohorte.

La tercera hermandad en salir a la calle es la de Jesús Amarrado, que ha contado con la colaboración de las monjas de Las Blancas para la renovación y mantenimiento de algunos elementos de la procesión. 

A continuación, San Antón se ha teñido del rojo de las túnicas de la hermandad de Nuestro Padre Jesús con la Caña. Le seguía el Ecce Homo de San Gil, que dirige su mirada al cielo para agradecerle que haya mandado lejos a las nubes esta Semana Santa.

El siguiente paso es la Verónica, que ha comenzado su procesión con ‘Caída en silencio’, una marcha del hermano Pepe Aguilar, hijo del histórico director de banda de música de Cuenca, Juan Carlos Aguilar.

Posteriormente ha sido el turno para las imágenes del Auxilio y del Jesús del Puente, el doliente nazareno de madera tallado por José Capuz, ocupa también su lugar en la procesión de Paz y Caridad.

Finalmente, con los acordes del himno de España y con algunas lágrimas en los rostros de sus fieles, salía la Madre, la Soledad, que marcha la última para cuidar a todos los nazarenos del Jueves Santo.

Paz y Caridad siempre reserva un hueco para los que no están. Los banceros de Jesús del Puente se acuerdan de los enfermos a su paso por las escaleras del Hospital de Santiago y también hacen un pausa para recordar a Marisa Aguilar, su añorada camarera. Por su parte, la Virgen de la Soledad ha rendido homenaje a los hermanos fallecidos con una ofrenda floral en el monumento al nazareno.

Más adelante, la procesión comenzaba a conquistar la Puerta de Valencia. El Huécar ha salido a su encuentro, acompañado de una multitud de conquenses y visitantes embelesados ante una demostración de amor que se filtra por todos los sentidos.

Son muchos los pequeños que pueblan este año las filas del Jueves Santo. Algunos serios, otros más despreocupados, pero todos tomando nota de todo porque, algún día, la Semana Santa dependerá de ellos.

En Alfonso VIII, el Cristillo se ha girado en la memoria de Pedro Malo, nazareno ejemplar fallecido el pasado año, antes de entrar en la Plaza Mayor, recibido por las trompetas de la Banda de la Junta de Cofradías.

Paz y Caridad llega casi al mismo tiempo que la noche, que viene con aire frío y escalofríos ante las horas de muerte que acechan. Todas las miradas del público se dirigen hacia los arcos del Ayuntamiento y los banceros forjan una alianza con sus músicos para que la devoción traspase todos esos ojos curiosos.

Cada hermandad tiene su forma personal de entrar en el Vaticano conquense. Algunos pasos entran con zancadas largas y vigorosas de sus banceros. Otros con un caminar sostenido y solemne. El arte del bancero tiene muchos estilos y gran parte de ellos se pueden ver en esta procesión.

La Soledad, quizás por timidez, se ha detenido bajo el escudo de Cuenca. La Marcha de Infantes le ha animado a seguir su recorrido hasta el Palacio Episcopal, donde reposará brevemente de este largo camino.

Al Jueves Santo les faltaba todavía descender hasta su hogar junto al río Júcar, con escala en San Felipe Neri, para recibir el canto de amor del Coro del Conservatorio, y con una travesía exigente para unos banceros con muchas horas de paso a sus espaldas.

Pasadas las doce de la noche, la comitiva llegaba a San Antón. El mensaje de Paz y Caridad ha atravesado la ciudad y ha calado tanto como el frío, que penetra desde una puerta que la noche se ha dejado abierta. Por ahí se colará la tragedia.

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