La procesión del Silencio no necesita llamar a Cuenca para que acuda a San Esteban cada Miércoles Santo. La fe, la tradición y la belleza atraen y mueven a la gente con la misma eficacia que La Tierra sostiene a la luna en su órbita.
Quizás también hay algo de química en la forma en que los banceros del Huerto, en el inicio del desfile, liberan al mover el paso el aroma del olivo fresco para que inunde la Plaza de la Hispanidad. Y, si queda alguien por hechizar, los hermanos del Prendimiento se encargan de terminar el trabajo con su hipnótico movimiento al son de la banda de Horcajo.
La comitiva ha recorrido el primer tramo de esta procesión del Silencio bendecida por el buen tiempo que está caracterizando esta Semana Santa libre de amenazas meteorológicas. La banda de la Junta de Cofradías encabezaba un desfile
Encabeza el cortejo la Banda de la Junta de Cofradías, que ha guiado al grupo hasta El Salvador, donde se ha producido un dichoso encuentro entre hermandades. Allí el Huerto y el Beso de Judas se han dejado abrazar por el azul de las túnicas de la Amargura y han bailado para alentar a los nazarenos que estaban a punto de comenzar su andadura.
Tras su paso, se han abierto las puertas del templo para la talla de Marco Pérez, recibida con honores por las autoridades y los guardias civiles que escoltan a la virgen en el recorrido.
Las tres hermandades han ascendido hacia la Plaza Mayor, donde una multitud ha presenciado una llegada que quedará almacenada en las retinas durante mucho tiempo y en los móviles hasta que haya que liberar espacio en el dispositivo.
El Huerto de San Esteban ha sido el primero en cruzar los arcos del Ayuntamiento. Lo hace con unas tiradas primorosas de sus banceros, expertos en el lenguaje nazareno de la horquilla.
A continuación, ha entrado el Beso de Judas que navega sobre el pavimento de la Plaza mientras la banda entona Concha.
Cerraba la subida la imagen de la Amargura y San Juán, que atraviesa con elegancia la plaza para llegar a su lugar de reposo en el Palacio Episcopal, donde les recibe el obispo de Cuenca.
Con algo de retraso acumulado por algunos obstáculos que han tenido que sortear las hermandades durante el ascenso, la procesión se reanuda con la salida, desde la Catedral de Cuenca, de la Santa Cena de Octavio Vicent, que se ha puesto al frente de la procesión. Cono novedad, las capas de los uniformes de los hermanos mayores han recuperado su tradicional color rojo eminencia.
El resto de componentes nuevos de la comitiva se han incorporado desde la iglesia de San Pedro. La Banda de Horcajo de Santiago acompaña al paso del Apóstol en su descenso por la ciudad de Cuenca. Le seguía la Negación de San Pedro, que este año celebra treinta años de su primer desfile procesional,
Buena parte de ellos con la Asociación Musical Moteña, con la que están hermanados desde hace dos décadas, por lo que en esta procesión han decidido tener un detalle con sus compañeros musicales de Miércoles Santo
El desfile lo cerraba el imponente Ecce Homo de San Miguel, llevado a hombros por unos banceros que se apoyaban en unas horquillas recién estrenadas.
Con la procesión del Silencio al completo, el Miércoles Santo era ya un museo imaginero en movimiento. El Coro del Conservatorio cantó en San Felipe a las Sagradas Imágenes y los nazarenos recibían con agrado estas voces que reconfortan el alma y daban un poco de calor en una noche ya fría.
Solemnes, sin dejar atropellarse por la tentación de la prisa de recuperar el tiempo de retraso, las hermandades han descendido por San Juan, Palafox y La Trinidad hasta alcanzar la ciudad nueva
La primera hermandad en finalizar su recorrido ha sido la Santa Cena, que ha concluido su procesión en las inmediaciones de San Esteban.
A esta iglesia han regresado las hermandades que alumbraron el Miércoles Santo de Cuenca. Antes de entrar, los banceros han mecido por última vez a sus imágenes. Hay movimientos que tendrían que ser perpetuos.
El último de los pasos que se ha despedido de la procesión del Silencio en este punto es San Pedro, que se ha retirado tras escuchar una saeta que nos recuerda que esta Pasión llega a sus días de traición, castigo y muerte.
El resto de imágenes de la procesión del Silencio han continuado su camino de regreso a casa. En la calzada desierta quedaban restos de melodía y cera derramada. Cicatrices que anteceden a la herida que se abre en el ecuador de la Semana Santa de Cuenca.





























































































































































































































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