Cuenca inmarcesible
Hay una hora de la tarde, en octubre, en que el Huécar se queda quieto. La luz entra de lado por la hoz, prende los chopos y trepa por la piedra hasta las Casas Colgadas, que llevan siglos ahí, a punto de caer y sin caer nunca. Desde el puente de San Pablo, quien se detiene a mirar nota que algo se le afloja en el pecho. No hay notificación…












