Cultura

La lluvia empaña la atmósfera creada por Neopercusión en el Patio de la Limosna

La primera gran tormenta del verano intentó contraprogramar el primero de los conciertos principales de Estival Cuenca el ofrecido por Neopercusión en el Patio de la Limosna de la Catedral de Cuenca. El recital esquivó el gran chaparrón, pero no pudo evitar que las primeras gotas de agua empañaran la atmósfera que está experimentada formación había moldeado para protegerse de las nubes que intentaban colarse en la fiesta.

Con una infinidad de instrumentos de percusión como herramientas y las voces del tenor Ariel Fernández y la soprano Rosa Miranda para apuntalar cada pieza, Neopercusión ofreció sobre la hoz del Huécar un repertorio filtrado por el metal en el que tenían cabida lo clásico, lo popular, lo contemporáneo y lo universal.

El concierto constaba de tres partes diferenciadas. En la primera, con composiciones de Luciano Berio, las canciones saltaban del folk americano de Black is the colour a la canción italiana, pasando por canciones de amor de Azerbaiyán.

El segundo bloque contó con piezas de la compositora sevillana Reyes Oteo, presente en el Patio de la Limosna. Piezas contemporáneas que bebían de la tradición flamenca y de Federico García Lorca, de su música y de su trágico final en el barranco de Víznar.

El tercer bloque, dedicado a Manuel de Falla, es el que tropezó con el principio de la tormenta que descargó este domingo sobre la capital conquense. No era todavía una lluvia copiosa, pero sí lo suficientemente molesta como para poner en peligro los valiosos instrumentos de la agrupación. Aún así, Neopercusión hizo un esfuerzo para ofrecer un cierre apresurado y entre paraguas, pero a la altura de una formación que lleva tres décadas de andadura.