Llevamos tiempo recorriendo nuestros pueblos, escuchando a los agricultores y pisando campos que antes eran vida y hoy reflejan abandono. Y lo digo con la convicción de quien es alcalde de Pozoamargo y diputado provincial: esto no es un problema cinegético. Es una plaga estructural de conejo silvestre que está arruinando explotaciones, hundiendo la economía rural y alterando gravemente el equilibrio ecológico de la provincia. Lo más grave es que es una plaga que podría haberse controlado, pero frente a la que el Gobierno socialista de Page ha decidido no actuar.
En Pozoamargo lo vivimos cada día. En los pueblos limítrofes, también. Y en la provincia entera la situación es dramática: más de un centenar de municipios sufren daños constantes, generalizados y cada vez más severos. Quien dude solo tiene que caminar por parcelas donde el cereal es devorado en nascencia, por viñedos jóvenes cortados como si alguien los hubiera podado a ras, o por olivares cuyos troncos aparecen roídos hasta provocar la muerte de la planta. Esta es la realidad diaria, y los agricultores ya no pueden más.
Lo más indignante no es la plaga, sino la inacción deliberada de la administración que tiene la competencia legal para frenarla: el Gobierno de Page. La Ley 43/2002 de Sanidad Vegetal establece claramente que la Junta de Comunidades debe declarar oficialmente la plaga, adoptar medidas de erradicación e indemnizar a los afectados. Sin embargo, año tras año se niega a hacerlo, porque declarar la plaga supone asumir indemnizaciones millonarias. Estamos, por tanto, ante una decisión política, no técnica, que deja desprotegidos a quienes viven del campo.
La mayor parte del problema se origina además en zonas públicas donde los ayuntamientos no podemos intervenir: taludes de carreteras, infraestructuras ferroviarias de ADIF, cauces de confederaciones hidrográficas y áreas protegidas donde la normativa impide actuar. Son auténticos criaderos desde los que los conejos se expanden hacia las parcelas privadas sin que ningún gestor público asuma su responsabilidad patrimonial. Y cuando el daño llega, quien paga es siempre el mismo: el agricultor. Lo paga con su cosecha y lo paga también con un seguro agrario que, saturado de exclusiones y reducciones automáticas del 40 o 50%, en muchos casos ni siquiera cubre lo básico.
Desde el PP de Cuenca hablamos con decenas de alcaldes afectados cada semana, nos reunimos con ellos, hartos ya de una situación que todos coinciden que es insostenible. La respuesta de la Junta ha sido insuficiente y tardía, basada en medidas cosméticas que no abordan la raíz del problema. El campo necesita decisiones firmes, reales, valientes.
Ha llegado la hora de actuar sin excusas. La plaga debe declararse de inmediato y debe establecerse un sistema ágil y justo de indemnizaciones directas. Es imprescindible crear un fondo extraordinario que cubra los daños reales, así como exigir al Estado que intervenga en las infraestructuras de su competencia y que reforme el seguro agrario para que deje de castigar a las explotaciones más afectadas. También es fundamental crear una Oficina Regional de Defensa del Agricultor que asesore, acompañe y represente a quienes hoy se sienten abandonados ante múltiples administraciones.
El desequilibrio ecológico requiere también medidas de calado. La desaparición de depredadores naturales ha facilitado esta expansión sin control. Por eso debemos impulsar la recuperación y reintroducción del lince ibérico en zonas adecuadas: no como un símbolo, sino como una herramienta real de gestión ecológica.
Hoy la provincia de Cuenca está pagando el precio de una dejadez institucional que ya no se puede ocultar. Los agricultores están resistiendo solos una plaga que no es suya, una plaga alimentada desde infraestructuras públicas y una plaga que la Junta se niega a reconocer oficialmente porque implicaría asumir su responsabilidad. Y mientras la administración mira hacia otro lado, el campo se vacía, las cosechas se pierden y nuestros pueblos se quedan sin futuro.
Por eso lo decimos con claridad. Y yo como alcalde, como diputado del PP y como vecino de esta tierra: la plaga que arruina Cuenca no se va a solucionar con silencios ni parches. Se soluciona declarando la plaga, actuando con rigor y compensando a quienes llevan años pagando los platos rotos. O se quitan los conejos… o se pagan los daños. Pero mirar hacia otro lado ya no es una opción.
Por Hugo Fabuel, alcalde de Pozoamargo y diputado provincial del PP de Cuenca.
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