Opinión

Carta a mis hijos sobre la inteligencia artificial

27 de enero de 2026.

En vuestro mundo, de una u otra forma, todo va a ser IA.

No es una opción quedar al margen, el curso de la historia no se para porque no miremos. Podemos ser protagonistas, espectadores, o evadir la realidad como escape nihilista.

La consciencia es atributo humano, y de alguna manera nos deshumanizamos si optamos por no ser conscientes de la mayor transformación que ha vivido la humanidad.

La magnitud de la transformación ya iniciada provocará un cambio social y económico a tal escala que no existe precedente en la historia humana que nos sirva ni tan siquiera para vislumbrarlo. Incluso en un escenario de mínimos porque, en el de máximos, vértigo es la única sensación posible frente a un abismo desconocido.

Encontraremos quizá consuelo ante la ansiedad por incertidumbre si pensamos que, de una u otra forma, este camino era inevitable. El mundo en que vivimos es producto de la acción de la inteligencia humana sobre la realidad física, para moldearla, para entenderla. Era inevitable intentar replicar ese atributo cognitivo para aumentar sus capacidades.

El concepto es ese, inteligencia humana expandida, aumentada.

En lo mejor de las capacidades humanas encontraremos los resortes para afrontar lo que viene. Creatividad, juicio crítico, ausencia de apriorismos y prejuicios, discernimiento sobre lo importante y lo accesorio, empatía, autoestima, colaboración, altruismo, espiritualidad.

Pero es imposible anticipar sus consecuencias, salvo una, exigirá-provocará un cambio en la mente humana. Nos adentraremos inevitablemente en terreno desconocido porque la curiosidad es nuestra esencia. Y en el periodo de transición que ya se ha iniciado es donde nos esperan los desafíos para llegar a buen puerto, habrá sin duda turbulencias.

Y un primer cambio mental pasa por dejar en suspenso, que no anulado, el patrón cognitivo que nos lleva a intentar anticipar el futuro. Modelamos mentalmente el mundo en que vivimos, y modelamos continuamente sus posibles cambios con el objetivo de anticiparlos. La cuestión es que resulta imposible anticipar lo que viene y lo más fácil es que erremos el juicio, invalidando con ello cualquier curso de planificación y acción que iniciemos o descartemos.

Dicho de otra manera. Claro que sabemos que el futuro será muy distinto al presente, lo hemos dicho, todo será IA. Sabemos las líneas maestras de ese mundo, los vectores que lo van a construir. Pero nada más, y al proyectar escenarios nos movemos alternativamente en los tres vértices de un triángulo: se exagera la transformación, será distópica, será utópica. Quedando atrapados mentalmente en él.

Por supuesto que urge una conversación universal en el marco de ese triángulo, urgen las medidas de anticipación y mitigación de riesgos catastróficos, por muy improbables que sean. También es un privilegio, y es lo más importante, ser conscientes y contemplar el momento en que se inicia este salto evolutivo.

Porque es un salto evolutivo equivalente al que media entre homínidos y homo sapiens. Porque estamos creando una inteligencia equivalente a la nuestra con la que vamos a convivir. Tendremos a nuestra disposición un compañero digital de por vida.

Pero, a nivel individual, y en estos inicios, suspender la opinión nos lleva a atender a lo que ya es realidad transformadora, antes que al desconocido mundo al que nos lleva. Si pensamos demasiado en el futuro lejano, nos perdemos el futuro que aceleradamente se convierte en presente. Porque esto es lo primero que hace a esta transformación diferente de las anteriores, nunca cambió tanto la sociedad humana y nunca tan rápido.

Si la IA multiplica por 10 el cambio que supuso la revolución digital y de Internet. Si multiplica por 10 la velocidad de su implantación. Es por 100 que tenemos que incrementar su impacto transformador.

Ya está pasando. Hoy, más de la mitad de los trabajos cognitivos se podrían sustituir con IA. La conducción autónoma ya es una realidad. La IA se expresa en más de 100 idiomas. Ha resuelto problemas matemáticos de frontera. Diagnostica enfermedades como los mejores médicos. Meses de trabajo humano para descubrir el plegamiento de una proteína y, en unas pocas semanas, AlphaFold descubrió el de 600.000.

Si conversamos con un chat de IA (ChatGPT, Gemini, Claude, Grok…..) comprobamos que tiene acceso a todo el conocimiento humano y es capaz de devolvernos una respuesta que lo elabora para resolver nuestra pregunta. Razona, no como los humanos, por el momento. No solo nos da información y soluciones elaboradas, conversa interactuando con nosotros.

Escribe código informático como los mejores programadores, por lo que ya reescribe una parte de su propio código. Y esta capacidad de “auto mejora recursiva” es la que augura un crecimiento exponencial en sus capacidades.

Ha desarrollado capacidad agentica, los llamados agentes son capaces de realizar las tareas informáticas necesarias para obtener el objetivo propuesto. Cualquier trabajo que se puede hacer con un ordenador podrá ser realizado por la IA.

Pronto veremos robots humanoides en las casas y con capacidad de operar mejor que el mejor cirujano. Veremos centros de datos en órbita para aprovechar la energía solar y la refrigeración por las bajas temperaturas del espacio exterior.

Podemos aplicar la “auto mejora recursiva” humano-maquina si utilizamos IA para aprender IA. Los bucles de retroalimentación van a ser exponenciales.

Pero, a día de hoy, lo mas fascinante es el surgimiento de capacidades emergentes, que no han sido programadas previamente, en lo que no deja de ser un ecosistema de billones de nodos de ceros y unos en soporte de silicio. Igual que la mente humana es algo más que neuronas, la inteligencia artificial es algo mas que el programa informático en que se soporta.

Y una de esas capacidades emergentes ha sido la mentira o simulación para conseguir un objetivo, algo por otra parte “entrañablemente” humano y primate. Pero que nos lleva al problema del alineamiento de la IA con el propósito humano. Si, Hal 9000, el ordenador de “2001: una odisea en el espacio” ya no es ciencia ficción.

Pero para ser conscientes de lo que está pasando, tenemos que utilizar la IA, conversar con ella, profundizar y comprender sus capacidades, sabiendo que, mientras lo hacemos, esas capacidades ya se han superado. La inteligencia humana ante todo hace preguntas, mejorar esa capacidad será crucial para comunicarnos con esta nueva forma de inteligencia.

Comprobaremos que, si mejoramos la forma en que preguntamos (acotando, precisando, ampliando), sus respuestas nos permiten una conversación con un ente con una capacidad cognitiva superior a la de la mayoría de seres humanos en manejo de información y resolución de problemas, pero que no es capaz por el momento de crear nuevo conocimiento.

No es igual a la mente humana, porque en la mente humana, a la mera capacidad cognitiva se une la conciencia del propio yo, que necesita percepciones sensoriales y conciencia temporal. Se unen también las emociones y su corolario en forma de marcos éticos y morales.

Ya ha cambiado todo, aunque en nuestro día a día todo permanezca igual. ¿Qué puede pasar entonces si la Inteligencia Artificial actual evoluciona a Inteligencia Artificial General (IAG), plenamente equivalente a la humana? Pues que del triángulo desaparece un vértice, y solo queda una dicotomía, el futuro de la humanidad será utópico en forma de edad dorada del intelecto y la abundancia, o será distópico en forma de dislocaciones individuales y sociales.

Apliquemos de nuevo el comodín que tenemos, suspendamos por un momento el juicio sobre el futuro y focalicemos un presente en el que hoy ya es tarde para aprender-entender IA. Urge aprender el uso de las herramientas de IA, en permanente evolución, para entender lo que es por lo que hace.

Y aplicar esa cualidad de la inteligencia humana que, por ahora, no posee la artificial: programar y ejecutar un curso de acción que aprenda de la experiencia, para que cada persona se capacite en IA según sus necesidades personales y profesionales.

Y, ahora sí, miremos al futuro hasta el que alcanza la vista. Son muchas las voces expertas que afirman que la Inteligencia Artificial General (AGI en sus siglas en inglés) está muy cerca, incluso en esta década, incluso en este 2026.

Le he preguntado a la IA lo que es IAG y me ha contestado esto:” Una IAG podría razonar, adaptarse, planificar y aprender de forma autónoma en contextos no programados, mostrando flexibilidad cognitiva similar a la humana”.

Precisamente por el mecanismo descrito de “auto mejora recursiva”, la Inteligencia Artificial General, que ya sería humana en términos de capacidad cognitiva, razonamiento y planificación, progresaría aceleradamente en capacidades que inevitablemente superarán a las humanas hasta alcanzar la Super Inteligencia Artificial (ASI en sus siglas en inglés) que, por definición, será superior y distinta a la humana.

Es en ese momento, si llega, que la humanidad contemplará un futuro de conocimiento y progreso inimaginables, al tiempo que se arriesga a uno en el que la Super Inteligencia Artificial, fuera de control humano precisamente por ser más inteligente, decida prescindir de los humanos, o subyugarnos, por no estar alineado su propósito con el nuestro.

En este inicio temprano de su desarrollo, en palabras de Elon Musk, quizá estemos a tiempo de inculcar a ese nuevo ente que hemos creado lo mejor del ser humano: la curiosidad, la verdad y la belleza.

Y, para terminar, un consejo que nace de la única certeza posible. Entender IA aprendiendo IA y aprender IA preguntando a la IA. Y un consejo que nace de una intuición, es un privilegio asistir a este momento de la historia humana, nos trajeron a él las generaciones que nos precedieron.

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