En unas tierras atravesadas por el río Záncara, bañadas por el color dorado de los girasoles y el trigo, nos encontramos con Huerta de la Obispalía, una pequeña población que fue feudo de obispos y que hoy acoge, con los brazos abiertos, a los visitantes que aprecian los lugares forjados en la historia y la tradición.
Esta pequeña villa conquense presume con orgullo de unas raíces que se adentran en el tiempo hasta antes del siglo X, cuando se debió levantar, en lo alto de la colina, sobre un antiguo asentamiento ibérico, el Castillo de Huerta de la Obispalía. En la actualidad se conservan de esta fortaleza los restos de la muralla y la torre de homenaje, que se construyó en el siglo XV, ya en la época cristiana.
En la piedra de esta torre se pueden ver los escudos de Jacobo de Véneris, obispo de Cuenca en la segunda mitad del siglo XV, y de Gabriel Condulmario, arcediano de Alarcón y sobrino de otro obispo, Antonio de Veneris, según revela la inscripción que también conserva y que revela que fue enviado a Huerta por la sede católica “para apaciguar las luchas de Castilla” en plena guerra de sucesión entre los partidarios de Isabel de Castilla y de Juana la Beltraneja.
En la colina también se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un edificio de corte renacentista, con notas góticas, que se construyó en el siglo XVI sobre el antiguo templo románico.
Dentro del patrimonio religioso de Huerta de la Obispalía encontramos también la antigua ermita de San Mamés. Su construcción la comenzó un un cantero del pueblo, Pedro de Urriaga, en el siglo XVI, pero falleció cuando ya estaba hecha una buena parte de la obra. Tras una disputa por la propiedad, el proyecto fue retomado por un maestro cantero vizcaíno, Juan de Prabes.
El templo cayó en desuso y a mediados del siglo XIX fue aprovechado como cementerio, pero el Ayuntamiento de Huerta de la Obispalía lo ha restaurado, recuperando la cubierta para que pueda ser aprovechado para distintos usos culturales.
Otro punto de interés del municipios es el Despoblado de San Roque, que conserva vestigios del un antiguo poblado medieval, entre ellos una casa rupestre excavada en la roca.
Siempre es buen momento para descubrir Huerta de la Obispalía, un pueblo situado a poco más de media hora de la capital que dispone de alojamientos rurales, pero sí se puede elegir un momento idóneo es en los primeros días de septiembre. En estas fechas la localidad celebra sus fiestas en honor a la Virgen de la Fuensanta, que tienen como punto culminante el 7 de septiembre, cuando tiene lugar la tradicional romería hasta la ermita de la patrona.
El recorrido comienza en la iglesia parroquial de Huerta de la Obispalía y todos los vecinos acompañan a la virgen en una entrañable procesión que transcurre entre campos de girasoles hasta el paraje donde se encuentra la ermita, un edificio del siglo XVII con buena fábrica exterior y una interesante cabecera rematada con cúpula de media naranja y una sencilla portada con arco de medio punto.
Tras la misa, los vecinos de Huerta comparten la caridad en el idílico paraje, donde renuevan su compromiso con una tradición que da vida a esta pequeña localidad conquense.
Otra bonita costumbre de Huerta de la Obispalía en la celebración de la festividad de las Santas Perpetua y Felicidad, con procesión, misa y el tradicional reparto de la caridad por parte de los matrimonios mayordomos y el traspaso del sombrero a los mayordomos del próximo año.






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