En la comarca de la Serranía de Cuenca existe una frontera invisible que no se vislumbra en el mapa pero que lleva años definiendo su destino: el umbral de los 10 habitantes por kilómetro cuadrado. La entrada técnica en el “desierto demográfico”. En una comarca asediada por el envejecimiento, la pérdida de población, y el acusado debilitamiento de su base económica y productiva, la diferencia entre precipitarse al vacío o mantener el pulso depende de la existencia de un tejido industrial real, con vocación de permanencia y profundamente arraigado al territorio.
Y en este escenario de fragilidad, la minería del caolín se ha revelado como el corazón industrial que bombea oxígeno a una economía comarcal amenazada por el colapso. El Ayuntamiento de Carboneras de Guadazaón lo sabe y, por ello, decidió alzar la voz aprobando, el pasado lunes 15 de diciembre y por unanimidad en Pleno, una moción en defensa de la minería del caolín, reivindicando la continuidad de la extracción como un imperativo de supervivencia para el municipio y su entorno.
Un efecto dominó que mantiene vivos nueve municipios
En cualquier caso, la realidad sobre el terreno desmiente la visión simplista y reduccionista de una actividad extractiva aislada en un punto del mapa provincial. Lo que ocurre hoy en torno a los yacimientos de caolín de la Serranía, especialmente en los del término municipal de Arguisuelas, es la consolidación de un ecosistema laboral que trasciende las fronteras municipales y vertebra y da vida a toda la comarca.
Los datos operativos dibujan un mapa humano complejo: esta industria no solo sustenta de forma directa a una plantilla de 60 trabajadores cualificados y a otros 30 operarios indirectos en contratas de extracción, movimiento de tierras y transporte de mineral; lo verdaderamente crucial es dónde consumen y, en definitiva, dónde viven esas familias. Lejos de concentrarse en un único núcleo urbano, la nómina del caolín se ha convertido en el sustento de hogares dispersos por una extensa red de localidades: familias de Arguisuelas, Carboneras de Guadazaón, Cardenete, Almodóvar del Pinar, Fuentes, Landete, Mohorte, Arcas y la propia capital conquense dependen directamente de que esta industria continúe sus operaciones como hasta ahora ha venido haciendo.
Asimismo, el impacto económico de esta actividad crea una extensa red logística en toda la zona de operaciones, generando una movilización de entre 80 y 100 camiones diarios que transitan por la zona para dar salida al mineral. El volumen de actividad creado actúa también como sustentador de una red indirecta de pequeñas y medianas empresas (en su mayoría negocios familiares) que va desde talleres mecánicos y de mantenimiento, hasta estaciones de servicio, hostelería, hospedaje y comercio local, generando aún más empleos indirectos adicionales en la comarca y la capital que dependen, en parte, de las labores extractivas.
En una comarca con un tejido productivo tan erosionado como la Serranía conquense, apagar este motor no provocaría una simple crisis de desempleo, sino un éxodo rural con nefastas consecuencias para la zona. La paralización de las labores extractivas supondría el exilio obligado de familias enteras que, al perder su sustento, no encontrarían ninguna otra razón (ni alternativa) para quedarse y desarrollar su proyecto de vida.
Un recurso estratégico para la soberanía nacional
Pero reducir el debate del caolín a una cuestión de empleo local sería ignorar la realidad geopolítica de este recurso natural. En un momento en el que Europa lucha por reducir su dependencia de materias primas de terceros países, la Serranía de Cuenca custodia bajo su suelo un auténtico tesoro. España posee una de las mayores reservas del continente europeo de caolín de alta pureza, un activo estratégico que nos diferencia de otros competidores cuyos yacimientos sufren una alta contaminación por metales pesados.
Bloquear su extracción no sólo debilitaría a la comarca, sino que desarmaría la industria nacional y dejaría de alimentar cadenas de valor críticas para el funcionamiento del país como la industria cerámica (azulejos y sanitarios), la fabricación de fibra de vidrio o el sector papelero, que perderían este suministro de proximidad y quedarían expuestos a importaciones más caras y de peor calidad. Pero, además, renunciar a este recurso supondría frenar en seco la vanguardia biomédica nacional, desperdiciando un aliado estratégico ya validado para combatir el cáncer de manera localizada, eliminar virus como el COVID-19 o detener hemorragias en medicina militar. Una decisión que, además, hipotecaría soluciones medioambientales de futuro, lastrando su uso como blindaje para el almacenamiento de residuos radiactivos como el cesio.1
Rigor técnico y ambiental como garantía de futuro
El sector opera actualmente bajo exigentes estándares medioambientales derivados de la Unión Europea y está sometida a rigurosos estudios de Impacto Ambiental, a procedimientos de evaluación, a planes de restauración y a garantías que aseguran que, una vez finalizado el aprovechamiento del recurso, los terrenos son devueltos al entorno natural en buenas condiciones.
La situación que afronta la Serranía Baja y en particular las minas de caolín de Arguisuelas no debe ser, por tanto, un debate entre naturaleza o industria, pues la convivencia entre ambas es una realidad técnica que ya ha sido demostrada. El verdadero desafío es elegir entre mantener uno de los únicos pulmones económicos que garantizan que nueve pueblos sigan teniendo vida, empleo y servicios, o permitir que el silencio del desierto demográfico avance un paso más.
En un momento donde la sensibilidad y la preocupación hacia el entorno natural es máxima, la continuidad de este motor económico se ha de sustentar sobre el rigor técnico, la legalidad administrativa, el cumplimiento de
la normativa vigente y el interés general. No sobre la confrontación, las ficticias encuestas vecinales, el egoísmo de unos pocos, las rencillas personales o el ansia de atención.
El desarrollo de la Serranía exige seriedad. Exige toma de decisiones. No teatro. Y en una comarca donde cada empleo cuenta, proteger lo que funciona es hoy la única política eficaz contra el olvido.
1 Columba. A. (2024): “España tiene las mayores reservas de Europa de caolín para tratar el cáncer, combatir a las bacterias resistentes y almacenar material radiactivo.”; ABC Economía, 28 de enero. https://www.abc.es/economia/espana-mayores-reservas-europa-arcilla-capaz-tratar-20240128152505-nt.html
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