La procesión del Hosanna de Cuenca ha sido más fuerte que el viento huracanado que ha derribado árboles y carteles por toda la ciudad, pero apenas ha despeinado a los conquenses que han arropado a la Hermandad de Jesús Entrando en Jerusalén en este frío Domingo de Ramos.
Había tantas ganas de Semana Santa en Cuenca que hasta el invierno, que ya había hecho las maletas, se ha girado para participar con aire y hasta algún copo de nieve en la primea fecha de la Pasión conquense. En la calle helaba, pero bullía el interior de San Andrés, donde la hermandad ultimaba los detalles de una procesión en la que los banceros han estrenado horquillas de madera de haya, donadas por la familia Redondo.
Pedro José Ruiz Soria, consiliario de la hermandad, trazó en su cartel la primera imagen de la Semana Santa 2026 y suyas han sido las últimas palabras antes de que la procesión del Hosanna se pusiera en marcha con puntualidad, a las 9:30 horas, cuando La Borriquilla ha acudido al reclamo de los dos golpes metálicos del portón de San Andrés.
Tras la imagen de Marco Pérez ha salido a la calle la Virgen de la Esperanza, que este año ha recorrido la ciudad a hombros de 32 banceros, dos más que en su último recorrido por Cuenca. Juntos el Hijo y la Madre, se han dejado acariciar por el viento y la música en la Plaza de San Andrés antes de ponerse en marcha.
Tras el complicado descenso por las escaleras de esta plaza, que nos recuerdan todo el esfuerzo que hay detrás de este paseo triunfal del Domingo de Ramos, la comitiva se ha deslizado por el barrio de El Salvador bajo un sol brillante y una lluvia de campanadas. En la Puerta de Valencia, se han sumado más sonidos a la procesión, como los murmullos del río y de la gente y cálidas voces de las monjas de Las Concepcionistas, que abrigan con su canto a la procesión del Hosanna.
A medida que avanzaba el desfile, el viento soplaba más fuerte y azuzaba las palmas y los ramos de olivo entre los que se abre abría paso Jesús a lomos de su montura. Cuanto más apretaba el vendaval, más fuerte sonaban las trompetas de la Junta de Cofradías, que ha guiado al cortejo por las calles de Cuenca.
En la parte de atrás de la procesión, las marchas de la Banda de Música de Cuenca eran el combustible de un desfile que se mueve por la fe, pero siempre agradece que una melodía le acompañe en el camino.
El sello de identidad del Domingo de Ramos de Cuenca son sus niños y niñas, este año bien abrigaditos para hacer frente a un frío que conspiraba con la fatiga. Los comentarios por la temperatura se multiplicaban en las aceras, pobladas pese a todo, porque la gente de esta tierra, como su ciudad, es impertérrita y hace falta algo más que un bravucón viento de componente norte para que un conquense se pierda la procesión del Hosanna.
Sin embargo, a medida que el cortejo ascendía hacia la Plaza Mayor, el aire se volvía más insolente, hasta el punto que costaba avanzar con los pesados estandartes en alto. En cambio, las palmas filtraban estas furiosas corrientes de para transformarlas en regocijo cuando Jesús y La Virgen alcanzaban la iglesia de San Felipe Neri.
El obispo de Cuenca, José María Yanguas, pregonero de esta Semana Santa, mandó su bendición desde la escalinata antes de sumarse al cortejo procesional con una palma donada por San Juan Evangelista. Tras él desfilaban los miembros de la Corporación municipal y de la Junta de Cofradías, que en este día solo responden a la autoridad de este nazareno que demuestra que solo se pueden celebrar las victorias que llegan con la paz, no con las bombas.
En la Plaza Mayor había tanta gente que apenas quedaba espacio para ese aire entrometido que había acompañado a los nazarenos durante todo el recorrido. Agasajadas por la multitud, las imágenes de Jesús Entrando en Jerusalén y Nuestra Señora de la Esperanza han festejado por última vez con el pueblo antes de refugiarse en la Catedral: la Borriquilla brincando sobre las escaleras con el himno de España y la Virgen con la inconfundible Marcha de Infantes como banda sonora.
Así ha comenzado la Semana Santa de Cuenca, más tenaz que un vendaval. Ahora vienen días de Pasión y Muerte, pero los conquenses están preparados, porque saben que, dentro de una semana, triunfarán de nuevo.





































































































































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