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Opinión

Semana Santa de Cuenca. Patrimonio de la Humanidad

Cuenca. Esa ciudad bendita, cuya evolución y crecimiento en los últimos 50 años, va más acorde a la velocidad de un tren de cercanías que a la de un AVE (entiéndase por la rapidez del tren a pesar de los últimos desgraciados acontecimientos ocurridos en nuestro país), debido a la falta de ambición de los mandatarios políticos desde la transición hasta la actualidad, tiene en su Semana Santa uno de los principales motivos por los que se trabaja de manera unida y coordinada.

Nuestra Semana Santa continúa superando barreras sobre ideologías políticas, avatares religiosos y ese “ea” en el que se estanca nuestra ciudad, para continuar siendo fiel reflejo de evolución, participación y, como venimos señalando en años anteriores, un gran impulso y motor económico, sobrepasando la evolución natural de la ciudad.

Qué fuerza y potencia tiene que, en pocas fechas a lo largo del año, se pueden ver trabajos de mejora, seguridad y acondicionamiento, para mostrar las mejoras galas de la ciudad a conquenses y visitantes.

¡Qué privilegiada es la ciudad de tener nuestra Semana Santa, ya no por su declaración de interés turístico internacional, sino por tratarse de una Semana Santa Patrimonio de la Humanidad!

El conjunto Casco Antiguo y paso de procesiones por sus calle es, en todo su esplendor, Patrimonio Cultural Inmaterial. No me digan que no.

Es un orgullo ser conquense. Pero mayor privilegio, ser nazareno.

Una nueva primavera, acompañada de hermanos de blanco y granate, volverá a dar a luz asomándose a una semana de pasión que abraza la ciudad entre palmas y ramos al paso del Señor, montado en su humilde pollino. Día de felicidad. Día de alegría. Día grande en Cuenca.

Las calles de la ciudad mutarán su color en tonos blanco pureza, morado nazareno, escarlatas, oro viejo calvario, negros de luto y verde esperanza.

El ambiente se vuelve inigualable volviendo a mezclar el olor a cera enlazado con el incienso.

Las miradas bajo el anonimato del capuz simbolizan rezo, perdón de los pecados, la emoción y sentimiento, alardes silenciosos que se pueden sentir en el largo caminar del nazareno, acompañando su sagrada imagen.

Audiencia y escardillo volverán a ser escenario privilegiado de momentos únicos.

Toque de tambor y trompeta, romperán los nervios acumulados en los más profundo del corazón.

Plaza del Salvador, Turbas, Camino del Calvario. Patrimonio de la Humanidad.

Las marchas procesionales volverán a ser santo y seña de las hermandades en procesión, manteniendo viva la esencia clásica y moderna, adaptada a los nuevos tiempos, amén de las marchas de “triángulo y cascabel”, empeño de algunos que priorizan su gusto musical al del paso acorde de bancero. Todavía no nos hemos dado cuenta de que algunas marchas, por bonitas y espectaculares que sean, están compuestas para el paso de costal, no de bancero a golpe de horquilla. Si queremos esencia e identidad, vamos a mantenerla. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

No competimos por ver quién es mejor. SOMOS LOS MEJORES EN LO NUESTRO. Los sevillanos son los mejores en lo suyo. Los malagueños son los mejores en lo suyo. Los zamoranos son los mejores en lo suyo. No intentemos parecernos en algunos aspectos, porque no somos iguales. Ahí está la gracia, en ser distintos al resto de otras semanas nobles que se celebran en otros puntos de la geografía española. No perdamos la identidad.

Disfruten. En familia y amistad. Segundo a segundo. Cada latido. Cada golpe de horquilla. Cada redoble. Cada melodía. Miserere Mei Deus.

Aportemos nuestro granito de arena. Cuando nos despertemos, estaremos recordando y felicitándonos la magnífica Semana Santa vivida en 2026.

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