El obispo de Cuenca, José María Yanguas, ha abierto la Semana Santa de Cuenca, con un pregón cronológico y evangelizador que ha recorrido, procesión a procesión y paso a paso, el significado de todos los momentos representados en la pasión conquense.
En un Viernes de Dolores en el que el prelado riojano, 29 años después, ha cogido el testigo de Guerra Campos como obispo pregonero, Yanguas ha dedicado a la Virgen de las Angustias este pregón que ha comenzado con la llegada de Jesús a lomos de la Borriquilla para celebrar la pascua por una multitud que “han extendido sus mantos “por tierra y han cortado ramas de los árboles para engalanar el camino” y en la que no faltan niños que cantan y gritan, “llevados por el frenesí del momento”.
Ante esta escena triunfal, el pregonero ha reflexionado sobre lo fácil que es “sumarse a la multitud en el momento del triunfo” y lo difícil que será después “permanecer junto a Jesús en el momento de la caída en desgracia de un pueblo veleidoso, que tan pronto aclama y vocifera el nombre del Maestro, como lo abandona a su suerte”.
Sobre la procesión penitencial de la Vera Cruz, el obispo la ha calificado como una “celebración esencial, sin adornos” y ha compartido sus pensamientos en torno a esa imagen del Crucificado, que desfila “con la mirada apagada” y las Siete Palabras del sermón que articula esta procesión. referencias a las palabras que se pronuncian en el recorrido. En sus palabras se ha acordado de los jóvenes “rotos por la droga y la pornografia”, de los hijos “muertos por las armas” y los hombres y mujeres “humillados en su dignidad”
La procesión de El Perdón del Martes Santo le ha servido para reflexionar sobres los apóstoles que aparecen en los pasos, como Juan, “el mayor de los nacidos de mujer” y el Bautista, que se resiste a vertir el agua sobre el cuerpo del Señor “porque sabe que solo él es el Cordero que quita el pecado del mundo”.
El riojano ha puesto también su mirada en el Cristo de los Espejos y su “luz que disipa tinieblas”; en el Jesús de Medinaceli “cautivo, pero libertador para todos” y en la Virgen de la Esperanza, de cuya procesión ha destacado el momento en el que, a la llegada a la Plaza Mayor, se refugia en el Palacio Episcopal. “Me iré de Cuenca cuando Dios quiera, pero ese momento vendrá conmigo”, ha asegurado.
Entre las estampas de Miércoles Santo, el obispo ha comentado cómo la Santa Cena nos recuerda que “quien come y bebe sin discernir el cuerpo del señor, come y bebe su condenación”. También ha resaltado cómo comienza la Pasión de Jesús en el Huerto, en una “noche cerrada” en la que los amigos están dormidos “mientras el maestro sufre solo”.
En este punto, el máximo representante de la Diócesis de Cuenca ha señalado que “a veces alguien puede pensar que las cosas se hacen solas, que las guerras se ganan sin sangre” y que es cierto que “es más cómodo dormir, no hacer nada; pero sin el empeño y el sacrifico de algunos, nunca llegará el alba de un nuevo día, de una sociedad mejor”.
Respecto a la procesión de El Silencio, el pregonero también ha comentado cómo le pone “la piel de gallina” la escena del Beso de Judas; los descensos de San Pedro y la Negación; la recia figura del Ecce Homo y cómo la Amargura “cierra la procesión de este Miércoles Santo, envuelta en el silencio de un drama que apenas ha iniciado y se hace cada vez más intenso”,
Sobre el Jueves Santo, Yanguas ha puesto el foco en la “hora tremenda” de Jesús Orando en los olivos y el momento en el que el ángel acude al auxilio de Jesús para recordarnos lo “gratificante” que es una “mano amiga” en el momento del sufrimiento.
También se ha fijado en el Amarrado, “privado de libertad, sometido a los hombres”. Y, sin embargo, Yanguas ha manifestado que “su presencia habla de libertad” y ha señalado que “no hay nada que ate más que el amor”, que a la vez “es libre” y “nada tiene que ver con el antojo.
El pregonero también ha comentado la “bella imagen” que es el Jesús con la Caña; la mirada a lo alto del Ecce Homo de San Gil mientras se ha preguntado “¿quién puede expresar con palabras esa muda conversación con el Padre?” y la “valentía” de la Verónica, cuya escena le ha hecho pensar en cómo “se nos pide a los creyentes no tanto que hablemos de Cristo, sino que lo hagamos ver. Para eso es imprescindible que nosotros mismos seamos contempladores del rostro de Cristo”.
También ha dedicado palabras al Jesús del Puente, “abatido, exhausto”, pero acompañado de Simón de Cirene, que le hace más llevadero el suplicio porque ¡Cómo mitiga el sufrimiento la compañía de alguien que participa del propio sufrimiento!
Finalmente, Yanguas ha recogido la escena de la Soledad del Puente, protegida “por palio de hermosos bordados” en una noche “rota por las luces por las tulipas”.
De la procesión Camino del Calvario, Yanguas ha descrito el momento de la “humillación” por parte de la turba, que se deja llevar “porque una vez tirada la primera piedra, es fácil sumarse al linchaniento”. Frente a ella un Jesús Nazareno que lleva “la cruz de cada día” en un camino “lleno de tropiezos y caídas” y, a su lado, el más joven de los apóstoles. “”¡Y luego dicen que no es posible una entrega total apenas salidos de la adolescencia!, ha comentado el obispo. El cortejo lo cierra la Soledad de San Agustín y su “manto de luto, aunque lleve corona de reina”.
De la procesión En El Calvario, ha señalado que es el desfile de la cruz santa, “La fe no niega el sufrimiento, ni lo glorifica en un ejercicio de inadmisible masoquismo, pero nos dice que el sufrimiento no es la última palabra”, ha recordado en su repaso a este momento de la Pasión.
Del último desfiles del Viernes Santo, el Santo Entierro, Yanguas ha recogido momentos como las lágrimas de la Madre, “ digna, con serena entereza”, en la que él ve “ el llanto de tantas madres, las lágrimas fruto del cariño no correspondido”.
De la procesión del Sábado Santo, monseñor ha alabado a esas santas mujeres que comparten el duelo. “Bienaventuradas mujeres que consuelan, que unen su dolor al de María, aliviándolo”.
El pregón de José María Yanguas ha concluido con la procesión de El Encuentro, que es “un final victorioso” que esperamos “que nos llegue también a nosotros”.
“¡Nosotros esperamos estar con ellos, ellos esperan estar con nosotros!, ha concluido el obispo antes de desear, a los nazarenos de Cuenca, una “feliz y devota Semana Santa”.
El acto ha sido presentado por la periodista Paula Latorre, directora de Comunicación del Obispado y el apartado musical ha corrido a cargo del Coro del Conservatorio de Cuenca, bajo la dirección de Jesús Mercado y la Banda de Música de Cuenca, dirigida por Miriam Castellanos.
Al finalizar el acto se ha entregado un obsequio tanto al pregonero como al cartelista de la Semana Santa de Cuenca 2026, Pedro José Ruiz Soria.











































































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