Cada 8 de marzo es una ocasión especial para dirigirse a las mujeres. No en vano, es su día, en
el que reivindicamos que todos debemos ser iguales y contar con los mismos derechos. Hoy en
día hay que lamentar que no sea así, que ni exista esa igualdad ni haya una unanimidad en el
discurso político y social que considero imprescindible para avanzar.
Es la primera vez que dedico unas líneas a las mujeres desde mi nuevo cargo de delegado del
Gobierno en Castilla-La Mancha, y he de confesar que es un reto saber condensar en unos breves
párrafos todo lo que trato de trasladar en un momento tal para estar a la altura de las
circunstancias.
Quiero centrar mi idea de lucha por la igualdad real de las mujeres en tres puntos: educación,
brecha salarial y erradicación de la violencia de género. Creo que son los tres principales puntos
sobre los que ha de girar una lucha que no tiene otro objetivo sino mejorar la sociedad en su
conjunto. Es un deber como ciudadanos dejar un país mejor, y desde luego que un país que
cuenta con los mismos derechos para hombres y mujeres realmente lo es.
La educación es la base sobre la que comenzar a educar a los más pequeños en igualdad. La vida
no deja de ser un edificio en continua construcción, y es imprescindible que cuente con unos
buenos cimientos sobre los que edificar. La igualdad ha de estar presente, y me van a permitir
que esta reivindicación no sea una petición, sino una exigencia.
La brecha salarial y la mejora de las condiciones laborales de las mujeres ha de ser otro de los
puntos más importantes, sin lugar a duda. No debe haber debate sobre la capacidad empresarial
de las mujeres, y lamentablemente vemos cómo esto sí que ocurre, ya que la diferencia entre
salarios y representatividad de las mujeres en puestos directivos sigue siendo demasiado
amplia.
El tercer punto en el que baso mi intervención no es otro que la erradicación de la violencia
machista. La única violencia machista que nos vale es cero. La que no existe. Como sociedad en
su conjunto debemos poner pie en pared ante estos casos, y como representantes de la vida
pública debemos pedir unanimidad en el discurso político. No caben interpretaciones, las
mujeres son asesinadas por el mero hecho de serlo, y no podemos tolerarlo.
Por otro lado, no puedo dejar de mencionar que son las mujeres quienes ven mermada su
carrera y proyección profesional para dedicar tiempo a los cuidados del hogar y la familia. Las
mujeres son quienes asumen esa carga y es un deber común el alcanzar cuotas equitativas en
cuanto al cuidado del hogar y la familia, y evitar así que siempre salgan perjudicadas las mujeres.
Pongo tremendamente en valor el trabajo que se lleva realizando desde este gobierno en una
materia tan importante como la igualdad. Desde la visibilidad hasta la actuación, pasando por la
concienciación y la condena. Este es el camino. Esta es la senda que debemos seguir y que no
conduce a otro destino que no sea la igualdad real, la dignidad plena de las mujeres y la libertad
de cada una de ellas.
Por todas ellas, por toda la sociedad. Unámonos en busca de la igualdad a través de la educación,
la ruptura de la brecha salarial y los techos de cristal en el ámbito laboral y la erradicación de la
violencia machista.
¡Viva el 8 de marzo!
¡Viva la igualdad!

