Cuando alguien decide escribir un artículo político, lo mínimo exigible es claridad, no para invalidar su opinión —que es legítima— sino para que el lector sepa desde qué posición se formula la crítica y pueda interpretar el texto con todos los elementos sobre la mesa.
Porque lo publicado estos días por Doña Esther Martínez Sancho no es la reflexión de una paciente sobre la sanidad, sino la posición política de un miembro del Partido Popular. Y cuando un cargo del PP se erige en defensor de la sanidad pública, conviene detenerse un instante y activar la memoria.
A mí, personalmente, ese discurso me traslada a los años 2011-2015, a las manifestaciones multitudinarias contra los recortes, al despido de profesionales sanitarios, a servicios reducidos y a inversiones paralizadas… A una sanidad que atravesó su momento más crítico en Castilla-La Mancha, con más incidencia aún en Cuenca. Entonces sí daba miedo enfermar.
Si queremos comprender lo que significaron aquellos recortes, pensemos, por ejemplo, lo que pasó con algo tan frágil como los recién nacidos. Fue entonces cuando el Gobierno del PP redujo la prueba del talón a sólo tres patologías detectables. Hoy no sólo se han recuperado todas las pruebas que se dejaron de realizar, sino que en 2027 serán 40 las patologías que podrán detectarse.
Fue también la etapa en la que Partido Popular paralizó las obras del hospital de Cuenca, y fue en 2015 cuando los gobiernos socialistas las reanudamos. No con palabras, sino con presupuesto. No con declaraciones de preocupación, sino con planificación e inversión.
Más de 200 millones de euros después, Cuenca cuenta hoy con un hospital universitario puntero en instalaciones y tecnología, concebido para mejorar la atención sanitaria de todos los conquenses, pacientes y profesionales.
Y de manera inminente contará con un servicio de radioterapia oncológica cien por cien público. Conviene subrayarlo: PÚBLICO. Para que la salud de ningún paciente dependa de la cuenta de resultados de una empresa privada ni de la decisión de un consejo de administración. Lo ocurrido estos meses no fue ausencia de planificación institucional, fue la constatación de que, cuando un servicio depende de intereses empresariales, puede interrumpirse si las cuentas no cuadran.
Que Cuenca vaya a contar con radioterapia oncológica pública puede parecer algo normal, pero es un logro político de enorme relevancia. No existe en todas las ciudades, y mucho menos en territorios donde la apuesta por la externalización sanitaria es constante y notoria, como sucede allí donde gobierna el PP.
No me conoce quien escribe, pero sí: me preocupo, y mucho, por mi provincia y por mi ciudad, desde la humildad. La preocupación no es el final del camino, es el primer paso para ocuparse. Y ocuparse significa invertir, planificar, ejecutar y cumplir. Eso es lo que estamos haciendo los gobiernos socialistas y pueda que sea lo que tanto, tanto, tanto molesta al PP.
La pregunta que deberíamos hacernos, con serenidad, pero sin ingenuidad, es otra: ¿qué ocurriría si quienes recortaron vuelven a gobernar?
En política sanitaria, la memoria no es revancha, es garantía.
Marian López es delegada de la JCCM en Cuenca.
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