Hay años en los que un cartel pasa de largo, y otros en los que te detiene, te agarra por dentro y te obliga a mirarte. El que ha creado el sacerdote Pedro José Ruiz Soria para la Semana Santa de Cuenca pertenece a esa rara categoría de obras que no se conforman con decorar una pared: viene a sacudir el corazón y a despertarnos del modo cómodo de vivir la fe.
En el centro arde una frase que lo cambia todo: “Non mea voluntas sed tua fiat.” No es solo la oración de Jesús en Getsemaní; es la pregunta que el cartel nos lanza a cada uno: ¿hasta dónde estoy dispuesto a dejarme amar, a dejarme cambiar, a confiar más en el poder de Dios que habita en mí que en mis propios temores? Esos tonos cálidos que lo envuelven todo no hablan solo de dolor: hablan de una vida que quiere prender en la nuestra, de una fe que sostiene incluso en los momentos más difíciles.
En el círculo superior se insinúan rostros que podrían ser los de vecinos, amigos, mayores, migrantes, nazarenos, personas sencillas. Es Cuenca completa mirándose al espejo de la Pasión. Ahí caben quienes no faltan nunca a su hermandad y también quienes llevan años viendo las procesiones desde la acera sin atreverse a entrar; quienes rezan cada día y quienes ya no recuerdan por dónde empezar; quienes están y quienes se fueron. Pedro José Ruiz Soria ha colocado a la ciudad dentro del corazón de Cristo, recordándonos que nadie queda fuera, que todos estamos llamados, incluso cuando pensamos que ya no hay sitio para nosotros.
Y luego está la corona de espinas, tan cerca que casi pincha. Es incómoda, como lo es el Evangelio cuando nos saca de nuestras seguridades y nos recuerda que creer no es solo sentir, sino decidir: pedir perdón, reconciliarse, acercarse a quien sufre soledad, renunciar a una comodidad para ponerse al servicio. Cuenca necesita hombres y mujeres que, tocados por este Cristo coronado, se conviertan en sus manos, en sus hombros y en su mirada durante los doce meses del año.
Tal vez ese sea el gran regalo de este cartel: que nos arranca del papel de espectadores. Nos dice que la historia que contemplamos en las procesiones no terminó en un sepulcro; continúa escribiéndose hoy en nuestras casas, en nuestros trabajos, en los barrios donde la soledad y el cansancio se hacen densos. Y, sobre todo, nos recuerda que Dios cuenta con nosotros, que no pasa de largo, que sigue llamando por nuestro nombre.
Porque en los momentos más duros, cuando la vida se hace pesada y sentimos la cabeza coronada de espinas, Cristo se hace presente. Se aparece en el Camino como aquel amigo que se sienta contigo cualquier día, sin prisas, para escucharte, para que puedas desahogarte, para regalar paz donde solo había ruido. Solo hay que dejarse llevar un poco, soltar el control y confiar.
Confianza: esa es la palabra que este cartel deja resonando por dentro y que me llevo como mensaje espiritual para la Semana Santa de Cuenca 2026. La confianza es la base de las relaciones verdaderas, de la esperanza que no se rinde, de un buen Camino compartido. Confiar en Dios, confiar en los otros, confiar también en que Cuenca puede seguir siendo tierra de fe viva y de corazones en marcha.
Desde la cercanía digital, solo puedo decir: enhorabuena al autor, Pedro José Ruiz Soria. Gracias por regalar a la ciudad elegida para vivir la Semana Santa un cartel que no solo se contempla, sino que se reza, se siente y se convierte en invitación a una vida más confiada, más entregada y más llena de luz.
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