El superviviente del crimen de Nohales, M.C., ha declarado que el acusado Carlos Belinchón, cuando entró por sorpresa en el salón en el que se encontraba junto a la víctima Cristina., amenazó con matarlos a los dos antes de abalanzarse sobre ellos con un cuchillo.
A través de videoconferencia, M.C. ha rememorado que, la noche del suceso, estaba con C. viendo una película cuando alguien abrió la puerta. En un primer momento, él pensó que era algún familiar de la propietaria que les dejaba la casa le “dio un poco de vergüenza”, por lo que se quedó en el sofá.
Cristina se levantó para ver quién era y en cuanto vio a C. B. empezó a gritarle cosas como “¡vete!” o “¡fuera de aquí!”. Él lanzó su amenaza, “os voy a matar a los dos”, alzando ya el cuchillo que tenía en sus manos y M.C. en lo primero que pensó, fue en intentar quitarle el arma, pero no fue posible “con la violencia con la que entró”.
M.C. no recuerda con claridad lo que decía Carlos cuando les atacó, más allá de escuchar en algún momento la palabra “hijos”. El superviviente intentó coger el móvil para llamar a la policía y él empezó a lanzar cuchilladas.
La mayoría las sufrió en las piernas, porque interpuso esta parte del cuerpo entre él y el atacante. M.C. vio después cómo el agresor se fue hacia la chica y pudo ver cómo al menos le asestaba una de las puñaladas.
En ese momento intentó desbloquear el móvil, “pero era difícil, con los nervios” y el agresor volvió a lanzarse contra él. Finalmente, el testigo se escabulló para buscar ayuda y, tras saltar la valla de la finca, se encontró con la Guardia Civil, que había sido avisada previamente por la familia del acusado.
Recuerda que uno de los agentes le hizo “un blocaje”, porque pensaba que era él quien huía del crimen, pero no que se enzarzara con su perseguidor, como apuntó uno de los agentes en su declaración.
M.C. informó a la Guardia Civil de que había una mujer malherida en el interior. Cuando volvió a entrar a la casa, junto a los agentes, encontraron a C. en el mismo lugar donde la había visto caer.
Respecto a sus heridas, ha señalado que tuvo la “suerte” de que el cuchillo chocó con la escápula “y por eso hoy estoy aquí”, ha afirmado.
PROPIETARIA DE LA VIVIENDA
Otra declaración importante ha sido la de la propietaria de la casa de Nohales donde ocurrió el crimen. Era muy amiga de la víctima, Cristina, que tenía llaves de esta vivienda, donde se quedaba cuando le tocaba a Carlos Belinchón. quedarse en casa con los hijos.
A preguntas del fiscal, ha confirmado que la relación entre ambos era “mala o muy mala” y se empeoró con la ruptura “al no querer asumir una de las partes del divorcio”. Esta testigo ha declarado que C.B. conocía la casa, pero nunca le dio llaves ni tenía autorización para acudir por su cuenta allí.
Por otro lado, nunca echó en falta nada de la casa ni encontró indicios de que alguien hubiera podido ir a robar en algún momento. Esta amiga de Carlos ha desvelado amenazas del acusado a la víctima tras la separación. “Él aparecía en cualquier lugar donde estaba con la idea de controlarla”, ha asegurado. También ha declarado que él hacía a su expareja “miles de llamadas, al teléfono y al fonoporta”. En una ocasión, ella le trasladó que él le había amenazado con que se iba a tirar por el puente San Pablo de Cuenca.
Esta mujer, que entonces era policía local experta en violencia de género, observó que “cada vez había más ítems” de una situación de este tipo. Ha relatado además que Carlos Belinchón. le acusó de que a Cristina no iba a volver por su culpa, “porque la estaba ayudando”. La testigo ha subrayado que la víctima era la que se encargaba del sostén económico de la familia “y por eso era tan conocida en Cuenca, porque había trabajado en todos lados”.
OTROS TESTIGOS
En esta segunda sesión del juicio ha declarado una de las hijas de la pareja, a puerta cerrada y otra de las amigas de C., además del responsable de Proyecto Hombre que trataba en Guadalajara la adicción de C.B.
Ha comentado que tenía problemas para cumplir algunas de las normas que le exigían y algunas veces se quejaba de que no podía ver a sus hijos y consideraba “injusta” la situación con su mujer. En su declaración ha confirmado que el crimen se produjo en la que era su segunda salida en solitario, permitida, porque llevaba tres meses de abstinencia.
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