Actualidad

El cuadro de la Virgen de la Misericordia de Belmonte saca a la luz a dos nuevos personajes después de su restauración

restauración.

Megía ha destacado la importancia histórica, cultural, pero también emocional que tienen este tipo de obras para la localidad porque al final es un patrimonio local de los vecinos y vecinas de Belmonte. La diputada ha agradecido el gran trabajo que han realizado las técnicos del Taller de Restauración porque realizan su labor con mucha profesionalidad y sabiendo que están tratando algo con un valor incalculable para la provincia.

La responsable provincial se ha mostrado satisfecha de que esta obra, que tiene un tamaño considerable con 255 centímetros de alto por 177 de ancho, descanse ya en el presbiterio de la Colegiata de Belmonte donde complementa el magnífico conjunto de este templo conocido como la Catedral de la Mancha. Megía ha aseverado que es “un atractivo más” para que los visitantes continúen viniendo a esta localidad que es uno de los motores turísticos de la provincia de Cuenca.

La alcaldesa belmonteña ha agradecido a la Diputación y a su presidente por esta labor que realiza el Taller de la Restauración con un resultado “impecable” y que viene a reafirmar el compromiso con el patrimonio de la institución provincial complementándose con otras actuaciones como las que se llevó a cabo en el artesonado del castillo, la reja de la capilla de la Anunciación de la Colegiata o el retablo de la capilla de San Pedro.

La pintura, de formato vertical, representa a la Virgen María en primer plano ocupando el eje central de la escena. La Virgen aparece con los brazos extendidos a ambos lados, y se halla de pie sobre una roca de la que mana un chorro de agua que forma un pequeño estanque a su alrededor. El rostro dulce y sereno, de cejas arqueadas y ojos entreabiertos, se inclina hacia abajo y a la izquierda, dirigiendo la mirada hacia dos fieles que se encomiendan a su protección. Viste túnica blanca ceñida por un cinturón dorado, y un manto también blanco que cubre su cabeza y que se cierra en su pecho con un broche dorado en forma de cabeza de ángel. Los bordes del manto y de la túnica están decorados con una orla vegetal dorada. Sobre su cabeza porta una gran corona.

En la mitad inferior del cuadro aparecen los retratos de dos personajes de medio cuerpo, uno a cada lado de la Virgen. Se trata probablemente del matrimonio de donantes que encargó el cuadro y están representados vestidos a la moda francesa de mediados del siglo XVIII.

Cuatro serafines aparecen alrededor de la cabeza de la Virgen, y sobre ella un ángel niño sostiene una cartela con la leyenda Mater admirabilis comes et prínceps misericordie. Toda la escena está enmarcada por un arco de piedra sustentado sobre dos columnas, mientras que al fondo se representa un paisaje boscoso.

La composición de la obra es sumamente sencilla, disponiendo la figura de la Virgen en el eje central de la obra. Los ondeantes pliegues del manto de la Virgen introducen el único elemento de dinamismo en una escena de luces y sombras poco contrastadas,  alejando a esta obra del dramatismo del pleno barroco para acercarla al estilo más dulce del rococó.

La Virgen de la Misericordia es una advocación mariana ligada a la Orden de la Merced, fundada en 1218 con la vocación de procurar la libertad de cristianos cautivos. Tradicionalmente se representa a la Virgen de la Merced coronada y con manto blanco extendido, en actitud de cobijar bajo su manto a los fieles; la única diferencia iconográfica entre ambas representaciones es el ángel en el pecho de la Virgen de la Misericordia que sustituye al escudo de la Merced. En 1536 la Virgen de la Misericordia se apareció a un labrador de la región de Savona, en Italia, posándose sobre una piedra a orillas del arroyo Letimbro, y así es representada en la pintura de Belmonte, por lo que podemos suponer que la pareja de donantes que se hizo retratar en el cuadro, tenía una devoción particular a la Virgen de la Misericordia de Savona y posiblemente, fueran de ascendencia italiana.

RESTAURACIÓN

El estado de conservación de la obra no era bueno, observándose algunas zonas donde la pintura comenzaba a levantarse. Por otra parte, la escena se había modificado ocultando extensas zonas de la composición por repintes y doblando en exceso la tela al montarla en el bastidor. Además, el oscurecimiento del barniz al envejecer y la suciedad superficial, apagaba el brillante colorido de la pintura.

Los trabajos de restauración se centraron en un primer momento en volver a adherir los fragmentos de pintura que estaban desprendiéndose. Posteriormente, se extendió el lienzo completamente, recuperando los bordes ocultos tras el bastidor. Durante la limpieza de la policromía, se eliminaron también los repintes que ocultaban a los donantes; aunque fue un trabajo laborioso a punta de bisturí, afortunadamente las figuras se encontraban completas bajo el repinte.

Al extenderse los bordes del lienzo que habían estado ocultos, el tamaño de la pintura aumentó significativamente, por lo que hubo de ser montada en un nuevo bastidor. Además se incorporó a la obra, un nuevo marco de estilo histórico más acorde con sus valores estéticos. La intervención ha sido llevada a cabo por el Taller de Restauración de la Diputación Provincial de Cuenca, devolviendo la obra a su ubicación original en la Colegiata de Belmonte durante el mes de junio de 2024.

ÚLTIMAS NOTICIAS EN ENCIENDE CUENCA